El otoño se conserva en la despensa

Es tiempo de envasar frutas y verduras de temporada para disfrutarlas en el largo invierno

El otoño es la época de las conservas. El tiempo en el que, por tradición, se trabajan las frutas y verduras de temporada y que han sobrado del verano para poder disfrutarlas durante los largos meses de invierno. De temporada están la manzana, los higos o las  calabazas. Y es el momento para elaborar compota, mermelada, dulce o cabello de ángel para poder ir consumiéndolas a lo largo del año. Toni Fernández forma parte del Club Sierense Amigos de la Manzana y su pasión por esta fruta le llevó a investigar diferentes recetas. No obstante, se pueden conservar todo tipo de frutas, hortalizas y legumbres, destaca. Él lo lleva a la práctica de forma sencilla y casera.

El proceso es el mismo independientemente del ingrediente principal utilizado. Es fundamental seleccionar bien los tarros de cristal que se van a utilizar para envasar y las tapas siempre han de ser nuevas, advierte. Recomienda  esterilizar el frasco, aunque se estrene, poniéndolo a hervir entre 15 y 20 minutos al baño maría.

 

Toni Fernández, del Club Sierense Amigos de la Manzana, mostrando unos tarros de mermelada

El siguiente paso es llenarlo con la conserva elaborada: “Hay que dejar un centímetro libre para producir el vacío”. Una vez cerrado, se pone de nuevo al baño maría, dejándolo hervir entre 20 y 30 minutos. Toni Fernández recomienda que cuanto mayor sea el frasco, más tiempo requiere. Ahora ya se pueden guardar los tarros en “un lugar fresco, aireado y oscuro”. En cuanto a su fecha de caducidad, aconseja consumirlo en el año: “Cuando se abre, hay que olerlo y catarlo para comprobar que se encuentra en perfecto estado”.

Aunque en esta época la manzana es el ingrediente estrella en las conservas, el abanico de posibilidades es muy amplio. Se puede utilizar otras como pera, higos, fresa, frambuesa, melocotón y exóticas como el mango. Este cocinero por vocación hace honor a la fruta a la que rinde tributo la asociación a la que representa en Siero y enseña a cocinar compota, mermelada y dulce.

Para preparar la primera, hay que pelar la manzana y cortarla en gajos, que se colocan en una cazuela. Se añade un poco de agua, una pizca de azúcar (opcional) y canela, limón y vainilla, si se desea. Se deja cocer hasta que ablande. No es recomendable que esté mucho tiempo para que no pierda vitaminas y conserve más el sabor. Una vez listo, se tritura y si se necesita que se evapore algo  de agua se pone un poco al fuego para reducirlo. Ya está lista para empezar el proceso de envasado.

Mermelada de zarzamoras

La mermelada también se puede elaborar en casa de forma sencilla, con las instrucciones que da Toni Fernández. Se empieza igualmente cortando en trozos la manzana, pero sin pelar, y se pone a cocer con un poco de agua. Ahora toca preparar el almíbar, que consiste en añadirle entre el 25 y 75%. Por ejemplo, para un kilo de manzana, se precisa entre 250 y 750 gramos de este edulcorante. Admite canela, vainilla y limón. Se deja en el fuego “hasta que ablande y coja una textura semisólida”, por eso es importante echar poca agua. Se revuelve cada poco para que no se pegue. Una vez listo, se puede triturar o directamente envasarlo.

El dulce de manzana se prepara de forma similar que la mermelada, pero variando la cantidad de azúcar, pues se echa entre el 50 y el 100% del peso de la fruta utilizada. Otra diferencia es que el tiempo de cocción es mayor, hasta que adquiera una textura casi sólida. Otra idea es poner en conserva las manzanas asadas. Una vez listas, las introduce en un tarro y al baño María.

Un consejo para los elaboradores caseros, a la hora de abrir tarros antiguos: “Hay que oler y catar el contenido para comprobar que está en perfecto estado”
Toni Fernández
Miembro del Club Sierense Amigos de la Manzana

El cabello de ángel es una de las conservas estrella en el otoño. Toni Fernández da como pautas usar una calabaza del año anterior, “de la que es verde y blanca, específica para el cabello de ángel”. Se le quita la cáscara para quedarse con la carne, que se deja en remojo en un recipiente grande entre 12 y 24 horas. Se retiran las pepitas y se desmenuza para que esté otras dos o tres horas más en agua. Pasado este tiempo, se escurre y se reserva en un recipiente. Es importante pesarla  para calcular la proporción de azúcar que precisa. “Lleva tanto de azúcar como pesa”, apunta este apasionado de las conservas. Se coloca en una olla al fuego lento y sin agua, entre cinco y siete horas. Pasadas, ya está listo para ser envasado.

Ahora es cuestión de encontrar tiempo y ponerse a hacer conservas, cuya ventaja es  mantener en buen estado la fruta de temporada  y a mano el armario. Además, son otras formas de descubrir distintos sabores y texturas.

El proceso de la mermelada de manzana

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