Sociedad Premios "Princesa de Asturias" 2018
Alma Guillermoprieto, premio “Princesa de Asturias” de Comunicación y Humanidades

“Gracias al periodismo gané países y libertad”

El gijonés Muel de Dios, colaborador de LA NUEVA ESPAÑA en la serie semanal “Muelología, retrato de los creadores asturianos”, inicia hoy con la reportera mexicana Alma Guillermoprieto, premio “Princesa de Asturias” de Comunicación y Humanidades 2018, una serie de retratos de los galardonados de esta edición y de otras personalidades de la semana de los Premios. Jesús Manuel Muel de Dios (Gijón, 1969), ganador entre otras muchas distinciones de la Copa del Mundo de Fotografía 2016, capta el rostro sereno, sin aditivos, de una mujer que reivindica la mirada limpia, mirada de reportera que fue testigo de las zonas más oscuras del ser humano.

Alma Guillermoprieto Muel de Dios

“La vida es un accidente”, afirma Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949), premio “Princesa de Asturias” de Comunicación y Humanidades.

Se hizo reportera, es cierto, entre accidentes, causados por el hombre con víctimas que tenían nombres y apellidos. Nicaragua. un dictador “que no sabía que sus horas estaban contadas”, y una freelance joven que mandaba crónicas a un periódico para ella desconocido que le pagaba a ocho centavos la palabra. Era poco dinero y por eso suponía que el rotativo sería de segunda división.

Pero no, era “The Guardian”. Nunca tuvo ocasión de leer negro sobre blanco aquellas primeras miradas a la revolución sandinista. “Escribía en teletipo y no podía leer lo que estaba escribiendo, porque lo que salía de aquel aparato era una cinta perforada que, a su vez, era lo que recibían en The Guardian”, al otro lado del Atlántico.

Nicaragua se desangra hoy, cuarenta años después, lo que obliga a Alma Guillermoprieto a una reflexión: “cuatro décadas para volver al mismo lugar”, punto de partida trágico que tiene mucho que ver “con aquellos que hacen todo lo posible por aferrarse al poder. Se reproduce la realidad vivida en 1978. El asesinato del periodista Joaquín Chamorro provocó la revolución nicaragüense, y ahora estamos pendientes de que no le pase nada a su hijo, el también periodista Carlos Fernando Chamorro”.

América Latina, tierra de turbulencias. “Sé que hay muchos brasileños terriblemente tristes con lo que está pasando en su país y yo comparto ese sentimiento”, dijo ayer en conversación con LA NUEVA ESPAÑA en Oviedo. Lo que pasa es el ascenso de la ultraderecha más trasmontana, a un paso de la presidencia.

“El problema de América Latina es que nunca hemos logrado cerrar un ciclo de esperanza completo”.

Alma Guillermoprieto
“Escribo mejor en inglés que en español, pero cuando lo hago en español estoy en casa y en pantuflas”
Alma Guillermoprieto

La eterna asignatura pendiente de América Latina tiene, a su juicio, dos muros por el momento infranqueables: “La desigualdad estructural en nuestros países y el fracaso de los modelos educativos”.

Al Norte, el vecino imperial. “Los Estados Unidos son un vecino complicado porque desequilibra e impide el desarrollo”. Focaliza su atención en su país de nacimientos, aunque Alma Guillermoprieto vive ahora en Colombia.

“El fenómeno Trump se parece al de Chávez, dos personajes que están en todas partes. En tiempos de Chávez nos reuníamos los amigos y decíamos: vamos a no hablar más de él. Hablamos de cine, de lo que sea. Inútil… a los diez minutos Chávez volvía a la conversación. Ahora hay que buscar vías que estén libres de Donald Trump. No es fácil”.

Bailarina profesional hasta 1973, se dio cuenta de que lo que escribía llegaba al alma cuando los demás se lo hicieron saber. Primero “The Guardian”, después “The Washington Post”, “Newsweek” o “The New York Yorker”. Se hizo periodista y “gracias al periodismo gané países, amigos, libertades y paisajes”. También idiomas: “Llevo cuarenta años trabajando un instrumento que es el inglés, con él escribo mejor que con el español, pero cuando escribo en español lo hago desde mi casa y en pantuflas”.

Con el inglés cultiva la ironía, y con el español el sarcasmo. ¿La diferencia? “Déjeme pensar… La ironía es un reflejo sobre uno mismo, mientras que el sarcasmo es algo dirigido al otro”. Echa de menos Brasil a pesar de ser “un lugar en el que no quisiera vivir… un caos con capacidad gigantesca de generar alegría a partir de una materia trágica”. No tiene presencia en los medios sociales y se reconoce poco adaptada a la revolución tecnológica. Habla bajo, casi en un susurro. Habla claro, como un torrente de voz.

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