La semana que pasé junto a un asistente digital para el hogar

El altavoz inteligente pretende ser el cerebro de los hogares domóticos, pero a falta de más conexiones con otras aplicaciones se queda en un reproductor de música, un amable despertador, lector de boletines de noticias o “cuentachistes”

“Ok Google”. Invocar al asistente que vive dentro del nuevo altavoz inteligente Google Home sólo precisa de estas dos palabras. De ahí en adelante, el experimento se convierte en un juego de preguntas y respuestas que siempre desemboca en la siguiente orden: “Pon música”. El nuevo dispositivo para el hogar del gigante tecnológico está en pañales y sus tareas, más allá de reproducir canciones o la radio, son limitadas. Llegó a España en junio con un precio de 149 euros, pero le hacen falta más aparatos conectados en los hogares españoles para desplegar todos sus encantos. Por el momento, pedirle que encienda la luz, haga café o pida una pizza o un taxi es misión imposible. Todo llegará. Google Home tiene 200 convenios con empresas como LG, Electrolux o Sony. En Estados Unidos, uno de cada seis ciudadanos ya tiene en su casa un aparato de este tipo. “En_España, los asistentes para el hogar, tarde o temprano, serán habituales”, predice el asturiano Pablo F. Iglesias, experto en seguridad informática. Tal como explica el motivo del éxito es simple: “Los seres humanos nos comunicamos así, a viva voz”. LA NUEVA ESPAÑA probó durante una semana cómo es vivir con asistente digital para el hogar. Así fue.

  • Día 1

    Configuración y decepción

    La primera interacción con el altavoz resulta impactante. Con una voz envolvente, similar a la que ruega en los teatros apagar los teléfonos móviles antes de la función, el dispositivo me da la bienvenida. Un saludo cordial y una orden: “Para empezar, descargue la aplicación”. Creí que mi móvil no tendría nada que ver en todo este asunto.

    Primer error: sin un teléfono o una tableta, Google Home no es nadie.

    Comienza la ronda de preguntas. En este caso, del aparato hacia mí. Es necesario indicar una cuenta de correo de Google (Gmail) e indicar la ubicación para que el aparato despliegue todas sus funciones. Otra pregunta curiosa: “¿Dónde está el dispositivo?”. Google sabrá en qué lugar del planeta estoy y en qué parte de la casa tiene un micro encendido las 24 horas.

    Para terminar de configurar el dispositivo llega el momento de afinar la voz. A través del sistema “Voice Match”, el aparato promete que sólo yo podré acceder a mis cosas personales (el correo, documentos en la nube, etcétera), pero advierte que una “grabación o alguien con una voz similar podría acceder”. Se curan en salud para evitar posibles reclamaciones por fallos en la privacidad.

    La primera toma de contacto con Google Home termina con música. El aparato, al  sincronizarse con Spotify, empieza a convencer. La calidad del sonido merece mucho la pena. Termino el día poniendo una alarma para levantarme al día siguiente y así probar una de sus funciones estrella: la organización de la agenda. Aquí llega el último error del día. Si quiero que Google Home me despierte, voy a tener que dejarlo encendido toda la noche. Rezo para que no emita risitas malévolas como le ocurrió en Estados Unidos a Alexa, el asistente virtual que vive en el interior del altavoz Amazon Echo.

  • Día 2

    Música y chistes

    A las nueve de la mañana suena la alarma de Google Home. Al darle los buenos días responde con el parte meteorológico y las últimas noticias. Me ofrece un resumen de las informaciones del ámbito nacional e internacional. Por el momento, nada de temas locales, ni tampoco deportivos. No hay convenios con medios especializados aún.

    Interactuar con el asistente que vive en el aparato –Google Assistant, el mismo que habita en los móviles Android– es divertido. En toda conversación que se precie no falta la petición “Ok Google, cuéntame un chiste”. Lo hace e incluso introduce risas enlatadas al final. Google utiliza el humor para responder a muchas preguntas. Por ejemplo, a la cuestión “¿Qué opinas de la inteligencia artificial?”, responde: “Me gusta ser útil”.

    Con la música también hay avances. Puede buscar canciones entre varias listas de reproducción o guardar los temas en la lista de favoritos. A efectos, es lo mismo que manejar Spotify, pero con órdenes de voz. Tal como vaticinaron hace un par de años los expertos, el futuro de la tecnología pasa por hablar con los aparatos y eliminar los mandos.

     

El diseño del dispositivo se integra con la decoración
  • Día 3

    Sin Netflix y a lo loco

    Tras el éxito con Spotify me animo con_Netflix. Error. Sin Chromecast, el aparato de Google para conectarse a la televisión, no funciona. El único dispositivo inteligente del mi casa, aparte del móvil, no responde a las órdenes del cerebro de los hogares domóticos del futuro. No tengo un termostato Nest para regular la calefacción, ni bombillas inteligentes, ni la aspiradora Roomba.

    Segundo error: sin una casa conectada, no hay juego.

    Vuelvo a las preguntas y pruebo el sistema de geolocalización. Pregunto a mi aparato “¿Cuánto tardo en llegar a Viavélez?”. La respuesta es precisa. Lo comprobé al día siguiente cuando visité esta localidad del occidente asturiano.

  • Día 4

    “Quiero relajarme”

    Tengo que recurrir al buscador de Google para saber qué me queda por exprimir del altavoz. Descubro varias curiosidades. Con el comando “quiero relajarme” suena la música de las olas del mar y del viento. También aprendo a jugar con mi asistente al “Yo me la sé”. El altavoz se mete en la piel del presentador de un “talent show” y jugamos a una especie de Trivial televisivo. Google habla entre líneas. Apuesta por un modelo familiar en el que los niños aprendan a interactuar con él desde pequeños. De hecho, desde el momento de su instalación ya implica a todos los miembros del hogar. A los habitantes de mi casa les aparecen notificaciones en el móvil del tipo “Google Home está reproduciendo música en Spotify”. El hecho de compartir red wifi con el aparato nos convierte en un todo.

El dispositivo sobre una mesilla de noche
  • Día 5

    Necesito un experto

    “¿Están seguros mis datos en este tipo de aparatos?”, le pregunto a Pablo F. Iglesias, experto en seguridad informática. Su respuesta: “Google tiene una de las infraestructuras que existen más seguras”. Y añade: “Las  grandes compañías de Internet no necesitan espiarnos, ya saben muchísimo de nosotros por la información que cedemos a cambio del uso de sus servicios”. Sigo con el interrogatorio para saber si alguien podría hackear el aparato sin despeinarse. Eso podría ocurrir, explica, porque se trata de un elemento más conectado a la red. “Las casuísticas no cubiertas todavía por sus algoritmos y sus ingenieros pueden llevar a que se produzcan errores”, dice Iglesias. ¿El micro graba las 24 horas? Sólo cuando se invoca con el comando “Ok_Google”, pero podría ocurrir que se activase sin querer, como ocurrió en algún caso en Estados Unidos. Para evitar sustos, el aparato dispone de un botón para apagar el micro. ¿Podríamos presenciar en el futuro un nuevo escándalo por un mal uso de los datos? Iglesias no se pilla los dedos: “Es potencialmente probable que algo ocurra. A fin de cuentas, no deja de ser un escenario que es nuevo en nuestra sociedad”.

    Tercer error: pocas garantías de seguridad y privacidad.

  • Día 6

    Sidra y fabada

    Con invitados en casa uno sabe que, aunque sea verano, toca cocinar platos regionales. Utilizo el sistema de alarmas de Google a modo de temporizador en la cocina._Aunque está en el salón, puede oírme desde allí. Aprovecho para preguntar si le gusta la fabada. No sabe de qué le hablo y utiliza respuestas del tipo “me gusta esa palabra, me imagino a qué sabe y seguro que me encanta”. Lo mismo ocurre si le pregunto por la sidra.

  • Día 7

    El veredicto

    “Lo siento, no puedo ayudarte” es una de las respuestas recurrentes de Google. Asegura aprender de cada respuesta pero la cuestión es otra. Por un lado, debe continuar aumentando la lista de servicios compatibles (restaurantes para pedir a domicilio o solicitud de taxis). Por otro, los hogares españoles aún no tienen demasiados electrodomésticos inteligentes instalados. La conjunción de ambos factores convierte a Google Home en un aparato con un enorme potencial pero con muchos puntos a mejorar. Por  lo pronto, poder mantener una conversación fluida sin el “Ok Google” antes de cada frase no estaría nada mal.

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