Los frutos del fin del verano

Una sabrosa ensalada de frutas despide el verano y precede al plato fuerte de los frutos secos otoñales, brindando un valioso recurso a la fauna silvestre, que en el pasado también aprovechó la sociedad rural

El final del verano se asocia con el aspecto agostado de la vegetación, que sugiere agotamiento. Y así es. Pero hay un reverso: la explosión de colores –rojo, negro y azulado– de los frutos de temporada. Zarzas, arándanos, mostajos, cornejos, saúcos, espineras, groselleros, aligustres, mundillos… ofrecen una suculenta y colorida ensalada de frutas muy apetecida por la fauna y de la que el hombre también obtiene provecho. Conforme el verano vaya dando paso al otoño, se irán agregando acebos, tejos, serbales y otros árboles y arbustos que completarán un menú de temporada de gran importancia ecológica, sucedido, y en parte superpuesto, por el plato fuerte, graso y muy energético, de los frutos secos: avellanas, hayucos, bellotas y castañas. Una mesa pantagruélica, de la que aún quedarán excedentes para el invierno.

La recogida de estos recursos tuvo importancia en la sociedad rural tradicional, en la cual se consumían en fresco o transformados en mermeladas, confituras, zumos y licores, y donde también tenían otras aplicaciones; por ejemplo, las bayas del saúco o benito eran empleadas como tintura para el vino.

Claro que no todas esas frutas son aptas para el consumo humano. En contraste con las dulces moras, grosellas y arándanos, las bayas del aligustre provocan diarreas y vómitos, las del mundillo también son vomitivas y otras pueden comerse pero son de sabor y/o textura poco agradable (majuela) o bien no son comestibles, pero tampoco tóxicas.

Los comensales que más y mejor sacan partido de este recurso (y que devuelven el favor a los arbustos diseminando sus semillas y, por tanto, propagándolos) son las aves, en particular los zorzales y el mirlo, pero también el petirrojo, la curruca capirotada, la paloma torcaz y el camachuelo, por citar algunas especies representativas. También son numerosos los mamíferos que los buscan, desde el oso pardo al ratón de campo, pasando por la marta, el zorro y otros medianos carnívoros, sin olvidar al jabalí ni al ciervo.

Los frutos del fin del verano

Saúco (Sambucus nigra)
Saúco (Sambucus nigra)
Mundillo (Viburnum opulus)
Mundillo (Viburnum opulus)
Zarza (Rubus ulmifolius)
Zarza (Rubus ulmifolius)
Arándano (Vaccinium myrtillus)
Arándano (Vaccinium myrtillus)
Espinera (Crataegus monogyna)
Espinera (Crataegus monogyna)
  Aligustre ( Ligustrum vulgare)
Aligustre ( Ligustrum vulgare)
Grosellero de los Alpes (Ribes alpinum)
Grosellero de los Alpes (Ribes alpinum)
Cornejo (Cornus sanguinea)
Cornejo (Cornus sanguinea)
Mostajo bastardo (Sorbus hybrida)
Mostajo bastardo (Sorbus hybrida)

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