La Asturias que llama desde el extranjero

Los asturianos de la diáspora, que constituirían la tercera ciudad más poblada de la región, dudan de que el retorno sea posible, pero reclaman estrategias para que el Principado aproveche su experiencia y talento

El "tercer concejo" está ahí fuera, llamando la atención

La Asturias de la diáspora, con una potencia demográfica que dentro de la región sólo superarían Oviedo y Gijón, contempla con escepticismo la opción del retorno, pero urge a cambio la activación de estrategias que permitan aprovechar su patrimonio de experiencia y conocimiento

Da a veces la impresión de que es la tierra de uno la que se aleja con los años. Cuando la pregunta sea por qué se han ido, o sobre todo por qué no vuelven, un puñado de asturianos expatriados de la última oleada emigrante ofrecerá una reflexión semejante a ésta. No aparece el camino de vuelta. Alberto Canteli es ovetense, lleva veinte de sus 44 años fuera de Asturias, los últimos nueve en Dubai como alto directivo de una multinacional de la comunicación, y ha llegado a esa conclusión de que viaja en dirección única, en ocasiones a su pesar, mirando a casa por el retrovisor. “La vuelta es un sueño que está siempre presente”, sí, casi tanto como la convicción de que “cuanto más se desarrolla uno personal y profesionalmente, más grande es la distancia que le separa”. Le pasó a la langreana Rebeca Llames, que no lleva tanto tiempo en el extranjero, apenas desde 2015, y que se fue con una excedencia de su trabajo en España y sin perspectiva laboral concreta, pero que al año de llegar a Alemania ya intuía que su país no podría igualar la oferta. Ya se quería quedar. Lleva tres años en Ingolstadt, vive a miles de kilómetros de Alberto pero formula exactamente igual la respuesta. Piensa a la vez que “la idea de volver está siempre presente” y que “las oportunidades no han sido hasta ahora suficientemente atractivas”.

Una vez allí, queda claro que volver no es fácil. Luis Delgado, sin embargo, ha vuelto. Después de doce años en Madrid, y de apadrinar en la capital un colectivo de desplazados Asma, Asturianos en Madrid, regresó hace cinco. Fue más por motivos personales que por oportunidad profesional, pero aquí también encontró su hueco laboral. Ha tomado el camino del “emprendimiento global” en Asturias con su propio negocio autóctono de desarrollo de videojuegos y aporta su propio ejemplo en carne propia para poder dar con una de las claves del retorno y decir que hoy “pongo en práctica desde aquí lo que antes planteaba desde allí, que los asturianos emigrados debían ser un patrimonio para la región”. Él ha vuelto físicamente, pero puede que no haga falta. “Asturias no se puede desvincular de esa cantidad de gente”, hay muchas formas de traerla de vuelta y el patrimonio acumulado en la Asturias emigrada, que tiene un volumen extraordinariamente superior al de su declinante nivel demográfico interior, está pidiendo una fórmula de retorno que a lo mejor no tiene por qué tener la dimensión física de un regreso masivo, de un camino de vuelta que si bien ha de ser siempre una prioridad se adelanta como un objetivo como mínimo complejo. O eso dicen algunos que lo han visto de cerca.

Todo el que tuvo un tío en Buenos Aires y un abuelo en Cuba un tiene un sobrino en Berlín, o una hija en Londres, o ha volado él mismo a buscar un nido en árbol ajeno. No se emigra igual, no es lo mismo, hay muchas formas distintas de marcharse además de muchas maneras de volver, pero sigue habiendo otra Asturias ahí fuera. El calibre de la potencia de la versión emigrante la dan tres trazos estadísticos que cuentan 131.757 asturianos inscritos en el extranjero. Dice el recuento que no han dejado de expandirse y que juntos serían el tercer concejo de Asturias sólo por detrás de Gijón y Oviedo, también que multiplican por más de cuatro los números de regiones de nivel demográfico similar, como Extremadura o Baleares, y que se aproximan a los guarismos de la Comunidad Valenciana, con cinco veces más habitantes que Asturias. En una tasa sui generis, ahí fuera viven 128 asturianos por cada millar de residentes en el Principado: la media estatal supera a duras penas los 53 y sólo Galicia rebasa a Asturias por el vigor de su colonia de expatriados en relación a su dimensión demográfica. Esta Asturias de la población en retirada aún es una potencia exportadora de talento.

Asturias es la segunda región española por el volumen de su colonia en el extranjero en relación con el tamaño de su población, sólo superada por Galicia

El volumen de la pulsión emigrante del Principado queda en evidencia cuando se comprueba que la decimocuarta comunidad española por población sube a la octava en la clasificación de las que tienen más inscritos fuera de España. Los residentes en el territorio representan el 2,25 por ciento del país, y bajando, pero los expatriados asturianos son el 5,3 por ciento del total de españoles emigrados, y subiendo. Y si es cierto que los números se han disparado desde que la ley de Memoria Histórica de 2007 facilita la nacionalidad española a los hijos y a algunos nietos de emigrantes, o que por ese motivo la mayor parte de los que figuran en el censo extranjero 100.335 son descendientes de expatriados que ya han nacido fuera, también lo es que Asturias seguiría siendo la octava región por potencial desplazado aunque de los que viven fuera sólo se contabilicen los 29.020 asturianos de nacimiento. Cribando el censo, dejando solos a los nativos, la Asturias del exterior aún sería la segunda potencia nacional en términos relativos, todavía sería el séptimo municipio más poblado de la región, no todavía un Mieres, sí un concejo mayor que Castrillón. El recuento detallado oficial más actualizado, deficiente en cuanto a la pormenorización por edades y formación académica del expatriado, concluye además que más de cuatro de cada diez emigrantes que salieron de Asturias en 2016 estaban en la flor de la productividad laboral, tenían entre 25 y 39 años. El último año contabilizado de salidas da un total de 1.906, aunque aquí todavía pesa una mayoría de extranjeros que vuelven a sus orígenes por las secuelas de la crisis. A cambio, los retornos a Asturias acaban de alcanzar su máximo histórico con 1.140 en el último dato actualizado, pero el dato todavía no compensa. Toda esta ensalada de números está pidiendo un aliño. Todo esto tiene una entidad que aconseja su aprovechamiento.

Es ahí donde dice Jonás Fernández, eurodiputado del PSOE y economista, él mismo emigrante discontinuo desde 2002, que “objetivamente, tratar de conseguir el retorno de profesionales que quieran volver debe ser una prioridad, pero yo pensaría en instrumentos alternativos para aprovechar el valor que los emigrantes pueden tener para Asturias incluso sin que se produzca ese traslado físico”. Organizados, de entrada, están. El trabajo de la cohesión está hecho. La asociación Compromiso Asturias XXI es una extensísima red que supera los 1.100 asturianos repartidos por 57 países de los cinco continentes y este mes cumple diez años de conexión internacional a gran escala y de búsqueda de ideas y colaboraciones de futuro, de un retorno de conocimiento capaz de hacer más fuerte a la región. He ahí un ejemplo de eso que Jonás Fernández quiere que sea el establecimiento de “instrumentos para rentabilizar el talento que Asturias tiene fuera” y que probablemente sea en el corto plazo una estrategia más productiva que una tentativa como las emprendidas para un retorno que se ve al menos “complicado”. No hace falta recordar que el último programa de recuperación de talento expatriado emprendido desde la Administración regional se cerró sin una sola solicitud.

A vista de emigrante retornado, Luis Delgado dirá que importa mantener el contacto, que la Asturias interior ha de aprovechar la potencia de la Asturias de la diáspora sabiendo que “es básico saber que el asturiano que está fuera siempre mira hacia Asturias y que tenemos que lograr que desde aquí también se mire hacia fuera”. Pero en un mundo sin fronteras, que no va a poder detener la huida ni tal vez atraer masivamente el retorno, la idea es conseguir “que se vea el exterior como una salida natural y al asturiano que está fuera como un elemento interesante para la economía asturiana”. Tampoco hace falta acordarse del empresario astur-mexicano Antonio Suárez y de sus encargos de barcos atuneros en Gijón para calibrar la resistencia del vínculo emocional cuando se habla de negocios. “Hay decisiones que además de fundadas en el análisis económico pueden tener un soporte guiado por el cariño a tu tierra”, remata. “Estoy convencido de que algunas determinaciones importantes para la región han estado marcadas por el vínculo con Asturias que tenía la persona que las tomaba”.

El tamaño de la economía asturiana tras el ajuste de la reconversión y la política de rentas aportan claves para entender la dimensión del éxodo

Son las reglas nuevas de un mundo diferente donde el movimiento es inevitable, y ya no se emigra igual. Profundizando a la búsqueda del origen del fenómeno, Alberto Canteli identifica en Asturias un desajuste entre el tipo de profesionales que forma y la clase de empleos que pide su tejido productivo. En el fondo, según la versión de Jonás Fernández, puede que no haya tanto un problema de formación, porque ahí fuera encaja la gente preparada aquí dentro, como una disfunción “de tamaño”. Del tamaño de la economía asturiana desde que la reconversión industrial la jibarizó, aporta el economista. A la luz de su tesis, el crecimiento económico y demográfico de la hinchazón industrial del siglo XX dejaba, tras la caída del sector, “dos opciones”. Cabía una estilo Margaret Thatcher, de cierre de empresas y éxodo inmediato de población, o la más española “política de mantenimiento de habitantes inactivos mediante una estrategia de rentas”. La opción aparentemente menos traumática, la segunda, también tiene consecuencias: deja de entrada a la población en casa, pero a cambio aplaza las salidas a las generaciones siguientes. Los que pierden su empleo de inmediato ya no se van, “pero como la economía tiene aún un tamaño no adaptado al de la población que sostiene”, el ajuste se desplaza hacia delante en el tiempo. Mejor: “Socialmente, no es lo mismo expulsar a universitarios jóvenes y bien formados que a gente con 45 años que viene de trabajar en un lavadero de Hunosa”.

Sea como fuere, las circunstancias del entorno definen también, o sobre todo, el tipo de huida. No se van con la misma alegría los milennials que los nacidos en los setenta, los impulsados por la crisis que aquellos otros que todavía podían permitirse una dosis de aventura o de ambición profesional al hacer las maletas. “Nunca fue fácil”, “no nos íbamos con cinco ofertas sobre la mesa”, recuerda Jonás Fernández en representación de los que partieron con el cambio de siglo, pero “esa perspectiva de que cada vez íbamos a tener más oportunidades, o de que mi vida iba a ser mejor que la de mis padres, tal vez no la ha conocido la gente que viene detrás”. La crisis ha ennegrecido la esperanza, a esa generación le falta el “legado de optimismo sobre el futuro”. Les ha costado más. Se van más expulsados, si cabe la expresión, más urgidos por la necesidad, con menos dosis de aquella perspectiva de poder cambiar de empleo para mejorar cada cierto tiempo que él veía en el Madrid de sus primeros años, cuando “en tres o cuatro años podías pasar a ganar el doble”.

"Hay que ver al expatriado como un activo interesante"

Luis Delgado, que conoce el camino de ida y el de vuelta, que ha emprendido en Asturias después de doce años organizando los esfuerzos de la emigración asturiana, sabe que por experiencia que “el asturiano que está fuera siempre mira hacia Asturias” y pone deberes colectivos: “Tenemos que lograr que desde Asturias se vea el exterior como una salida natural y al asturiano que está fuera como un elemento interesante para la economía asturiana”. Como un activo. Él es ovetense, tiene 45 años y una empresa de desarrollo de videojuegos (Liquid Games) que se ha deslocalizado desde el campus universitario de Gijón, algo así como una pequeña compañía que vive en el extranjero sin perder su sede en Asturias. Delgado se marchó a Madrid en 1996, trabajó en el Banco Popular, en Sogecable y en varias zonas del sector de la comunicación y fundó Asma (Asturianos en Madrid) justo para todo esto que predica ahora sobre el retorno del conocimiento y la colaboración entre Asturias y su diáspora. Cinco años después de volver a casa, recuerda su emigración de los noventa como tal vez más costosa que la actual. Entiende que era la salida de una sociedad “más cerrada”, acaso protectora, que quizá veía el extranjero mucho más lejos que ahora, e invita a observar la actual sin resignación pero con indulgencia hacia esos nuevos jóvenes sin miedo ni precauciones que viven ya “concienciados de que su alternativa pasa por trabajar fuera de Asturias”.

El motivo de unos y otros para hacer el equipaje sigue siendo básicamente el mismo, la carencia de oportunidades a la vista en el mercado laboral, pero hoy “la gente ya asume esta situación como parte de su trayectoria profesional”. Por eso invoca esa idea de traerlos, o mejor, de traer su experiencia y aprovecharla, de tirar del hilo del vínculo emocional que todos ellos mantienen. Se trata explotar la certidumbre de que a la hora de tomar decisiones empresariales, por ejemplo, casi siempre “hay un análisis guiado por el cariño a tu tierra”.

"No hay puestos para todos los universitarios"

Rebeca Llames, langreana de La Felguera, 38 años, se licenció en Derecho en Oviedo a un suspiro de la crisis. Era 2007, se fue a Bilbao, completó estudios con un máster en Derecho de Empresa en Deusto y en 2015, después de trabajar en los servicios centrales de BBK (actual Kutxabank), era oficial de notaría. Cuando pidió una excedencia de año y medio pensaba viajar a Ingolstadt, uno de los ejes de la industria de la automoción alemana, un poco para probar. “El que hoy es mi marido trabajaba allí como ingeniero” y la idea era estudiar alemán y sondear el mercado laboral sin demasiada esperanza, “dado que Alemania tiene mucho empleo disponible, pero sobre todo para carreras técnicas”.

Al año de llegar, no obstante, ya sabía que quería quedarse. Que Asturias no tenía modo de igualar “las posibilidades laborales y económicas que Alemania podía ofrecerme”. Trabaja en el departamento de Recursos Humanos de la empresa en la que se desarrolla el software para el control del panel de instrumentos de automóviles de Audi, Porsche y otras marcas del grupo Volkswagen y contempla el retorno como una especie de quimera en la que “si las empresas quieren que volvamos, deberían ofrecernos un sueldo digno y unas condiciones laborales semejantes a las de otros países. Supongo que todos los que estamos en el extranjero pensamos igual”. Hay en su razonamiento una confluencia con quienes opinan que el defecto que corta el camino de regreso a Asturias tiene más de obstáculo laboral que de impedimento formativo, o que reside más en la estructura y el tamaño del tejido productivo que en la Universidad o los centros de FP. Más que el supuesto divorcio entre la oferta de profesionales y las demandas del mercado pesa la falta de “oportunidades laborales para todos los universitarios”.

"Lo importante es el paso hacia la innovación"

El ejemplo de Daniel Fernández sirve porque define la convicción temprana de la necesidad de marcharse. Ovetense de treinta años, ya va a cumplir tres fuera de Asturias entre unos meses en Brighton (Inglaterra) y el grueso en Barcelona, donde trabaja en el departamento de Operaciones Contables de la farmacéutica Bayer. Su perfil de emigrante en los años siguientes a la Universidad estudió Administración y Dirección de Empresas en Oviedo encaja sin dificultad en el prototipo de la última oleada expatriada, del joven que al salir de la Universidad mira a su alrededor y se va. ¿Por qué? Al principio consciente de que “una vez que te vas las posibilidades de volver a corto plazo son limitadas”; poco después convencido ya de que “es lo mejor que he podido hacer. Durante estos años he crecido mucho a nivel personal y profesional. Si me hubiera quedado en Asturias, probablemente me habría llevado más tiempo conseguirlo”.

No ha dejado de mirar de reojo a su tierra, lidera la delegación de Compromiso Asturias XXI en Barcelona y allí se discute a menudo sobre las distintas versiones del retorno. Daniel abrazaría una en la que se pusieran “los medios necesarios para que las empresas de la región puedan ser lo suficientemente competitivas como para ofrecer salarios que al menos se acerquen a los que un joven licenciado puede tener a su alcance fuera de Asturias. En estos momentos, eso parece complicado”, por eso aporta a la receta la atracción de empresas, sobre todo las de las Tecnologías de la Información y la Comunicación y acaba dejando una pregunta en el aire. “Siempre menciono el ejemplo de Barcelona y la innovación. Una ciudad que siempre ha destacado por su tejido industrial ha sabido subirse al carro de la innovación, convirtiéndose una referencia. Si esto funciona aquí, ¿por qué no en Asturias?”

"La colaboración es más realista que el regreso"

Una beca Erasmus en el último curso de Periodismo le abrió la Universidad de Southampton, en la que Inés Teresa Palacio trabaja dieciséis años después. A sus 38 es jefa de marketing estratégico en la institución académica británica y recuerda sin nostalgia el momento en el que la decisión de quedarse en el Reino Unido equivalía a huir de la expectativa de empezar su carrera “trabajando gratis o de becaria mal pagada”. Eran los principios de este siglo que luego se entristecería por la crisis y ella, gijonesa nacida en Salamanca, estudiante en Santiago, descubrió en el Reino Unido algo que le decía que allí podría “encontrar trabajo y ser independiente, eso que para una recién licenciada parecía imposible en España”. Trabajó en tiendas y restaurantes y en la Federación Internacional de Vela, se sacó a la vez el título más alto de inglés y en 2006 hizo un máster en estudios internacionales en la Universidad de Southampton que le permitió quedarse. No fue sencillo, ni gratis, derribar obstáculos para abrir camino fuera, pero ella vio “oportunidades profesionales que no se podían comparar”.

¿Volver? “A mí me encantaría, el problema es que las condiciones económicas y profesionales y la seguridad laboral en España es muy difícil de conseguir”. Está casada, tiene familia y en esas circunstancias “ya no decides sólo tú. Es más difícil”. Pero asume que hay otro retorno, el del conocimiento y la colaboración, el de Compromiso Asturias XXI y otras redes transfronterizas de conexión de la España emigrante con la tierra madre, y admite que “eso sí”, que “fomentar las relaciones entre empresas y con la sociedad es más realista y más factible a corto plazo”. Hace tiempo pasó en Asturias una semana enriquecedora de intercambio de experiencias con la Universidad de Oviedo y sintió que “compartíamos”. Sería esa otra forma de volver, la de traer lo intangible.

"Nos hacen mucha falta gobernantes con visión"

Alberto Canteli (Oviedo, 1973) podría hablar de “más de cincuenta países”, de todos aquellos en los que ha trabajado y dirigido compañías del grupo multinacional de comunicación y marketing Havas, del que ahora es presidente y consejero delegado para Europa y Oriente Medio. Han pasado veinte años desde que salió de Asturias con 24 y nueve desde que se instaló en Dubai, donde ahora vive porque quiere. Por una “decisión personal”, remarca. “La sede central del grupo está en París, pero mi esposa y mis dos hijos están muy a gusto viviendo en un sitio tan maravilloso como éste”. Dicho eso, y mirando Asturias con distancia física y proximidad emocional, piensa desde su hueco del mercado laboral que “la repatriación de ejecutivos en puestos de alta dirección no es fácil, pero tampoco imposible, ya que muchas de las empresas importantes de Asturias tendrán procesos de sucesión de sus cúpulas en los próximos años, otras compañías pueden llegar a invertir en la región y necesitaran ejecutivos para su nuevo desarrollo, y porque también existen otros caminos como el emprendimiento, la formación, o la gestión pública como opciones para poder aprovechar la experiencia adquirida y volver a casa” El caso es que cada año cuesta más, pero también hacen falta “gobernantes con visión y capacidad de gestión, radicalmente diferentes a los que por desgracia tenemos en la actualidad”.

El directivo ovetense aporta al debate la convicción de que hay en Asturias una permanente asignatura pendiente en la necesidad irresuelta de “adaptar la oferta de formación, tanto universitaria como de FP, a las necesidades reales del mercado de trabajo asturiano. Por poner un ejemplo, me gustaría saber cuántos puestos de trabajo para un licenciado en Derecho necesita Asturias cada año y cuántos salen de las facultades, mientras se ve una falta de profesionales cualificados en sectores como la hostelería o la tecnología”.

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