Oviedo Según San Mateo
Pablo Valdés, cantautor rockero

“Sigo esperando dar con la canción del millón de euros”

Aprendí a acompañar villancicos, canciones popular y luego canciones de Aute, Sabina, “The Beatles” y “Rolling Stones”... Le pillé gusto y en seguida empecé a preguntar en el colegio a Juan, uno de los mayores, que hacía blues, cómo tocaba… Dejé la academia y empecé por mi cuenta

Pablo Valdés LAURA CARADUJE

Pablo Valdés (Oviedo, 1985) llegó puntual al Bombé para probar el equipo antes de su sesión vermú de ayer. Creció en La Tenderina como hijo único de una empleada del hospital y de un trabajador industrial, buen alumno de las teresianas que empezó a estudiar guitarra con 11 años en una academia…

-Porque a esa edad tienes que hacer algo con tu vida después del colegio. Aprendí a acompañar villancicos, canciones popular y luego canciones de Aute, Sabina, “The Beatles” y “Rolling Stones”… Le pillé gusto y en seguida empecé a preguntar en el colegio a Juan, uno de los mayores, que hacía blues, cómo tocaba… Dejé la academia y empecé por mi cuenta.

Pablo Valdés

• Usted es un rockero con edad de rapero

-La música que te marca es la que oyes con 11 o 12 años y la mía fue Sabina, Springsteen, “Dire Straits”. Tenía un tío muy fan de Spingsteen y ponía “Darkness on the edge of town” y “Born in the USA” en los viajes de vuelta de Barcelona a Trubia, que dan para mucha música. Después, con los colegas que tenían hermanos mayores nos pasaban casetes de “Nirvana”, “Oasis” y “Héroes del silencio”.

•  El Oviedo de su adolescencia

-No recuerdo bien.

• ¿Fue tan insano?

-No, alguna vez se lía, pero me pilló otra época, no los setenta, setenta y ochenta. De chorbete fui a discotecas, a “La Real”, al “Dolce” pero no me gustaban. Iba porque iban los colegas. Duró poco. Luego conocí gente de rock y empezamos a ir a cervecerías a Rosal, al “Mare Nostrum”. Mi breve época heavy íbamos a un garito en lo alto de Martínez Vigil. Tardé en encontrar mi sitio.

• ¿Cuándo supo que quería dedicarse a la música?

-En la época de la academia. Era complicado porque había que seguir el camino recto y combinaba los discos con los estudios de Telemática en Gijón hasta que en 2007 ganamos el concurso de 40 Principales…

• Y eso arruinó su vida.

-Pero me hizo muy feliz. Sacamos un disco, salimos en Sol Música un montón de veces y pensé: el momento de apostar por la música es ahora. Tenía 22 años. La carrera quedó en stand by.

• ¿Y en casa?

-Al principio, “¡estás loco, chaval”. Luego vieron que lo tomaba en serio y pasaron por el aro.

• Empezó a escribir canciones pronto.

-Con 13 años investigaba, pero hasta que notas que haces una canción pasa tiempo. Con 17 años fui a ver a Quique González a la “Santa Sebe”, con Pablo Moro de telonero. Después oírlos me di cuenta de que tenía un montón de canciones, pero ninguna con estribillo y las de ellos, sí. Hice estribillos y ese fue el punto de partida. Al poco ya tocaba por ahí.

Pablo Valdés

• ¿Solo o en compañía de otros?

-Solo. Había intentado montar una banda, pero aquello no sonaba. Uno quería hacer indie, otro metal, yo R&R. Me fui por mi cuenta y compré una guitarra acústica Cort por 550 euros, un pepino que pude pagar poniendo copas en el “Salsi”.

• Las canciones del rock cuentan mucho la carretera, la vida fuera de casa, que en España se consigue tarde.

-Me fijaba en las pequeñas sensaciones de lo que me pasaba. No recuerdo ninguna de mis primeras letras, ni quiero. Me fui de casa a los 25 años. Vivo solo porque necesito meter ruido. Primero estuve en una casa del Parque de Invierno y luego en Martínez Vigil, donde forjé el que soy, tocando todos los jueves durante cuatro años y medio en “la Calleja de la ciega”. Sobreviví a un cambio de dueños y a tres o cuatro encargados. Aprendí la vida, conocí gente, hice amigos, probé canciones que acababa de escribir…

• Obliga a vivir de noche.

-Era un “Rolling Stone” de barrio, aunque ahora menos. Si hay una sesión vermú no puedes ser malo la noche anterior. Me gustan la noche y el día y lo que me fastidia es madrugar.

Pablo Valdés
Cometer tus propios errores es fundamental: hasta que no la cagas no aprendes. Vas predestinado a cagarla hasta el momento clave
Pablo Valdés

• ¿Vive de la música?

-Sobrevivo. Tengo 200 bolos al año, alguna vez doy alguna clase.

•  Son muchas actuaciones. ¿Es lo ideal?

-Lo ideal sería tocar una vez en un teatro de puta madre y cobrar lo de todas, pero no está tan mal, tampoco es picar piedra.

• Ahora ya tiene un repertorio de experiencias…

-Y las que quedan. En lo musical espero que tengan más aprecio por las canciones propias en Asturias. Toco muchas versiones, que siempre me gustaron, porque la crisis hizo que los hosteleros no apostaran por las canciones propias. Lo entiendo. Son demasiada información para gente que está bastante puteada y quiere tomar una y divertirse. Pero ahora ya podemos ver qué hay nuevo. En Madrid, Bilbao o Barcelona las canciones propias entran mejor.

• ¿Las canciones salvan vidas?

-Romanticamente hablando, sí. Te pueden sacar de un bache y cambiar tu estado de ánimo. Si estás alegre, llevarte a más. Si estás triste, alégrate o que sienta que entienden tu tristeza.

• San Mateo en sus recuerdos.

-La plaza del Oviedo Rock, colegas tocando, ver de cerca guitarras, pedales, entresijos… Iba como una esponja, preguntaba y hacía caso o no. Cometer tus propios errores es fundamental: hasta que no la cagas no aprendes. Vas predestinado a cagarla hasta el momento clave.

• ¿Hace mucho fuera de Asturias?

-Ahora, no. Hasta la crisis íbamos Madrid, a casa de un colega que se llama Viti y tenía un salón con dos sofás-cama que era una comuna. Cuando estábamos despuntando, con reuniones y discográficas, fue la crisis y a tomar por culo. No le echo la culpa. Sólo hubo que cambiar la perspectiva y seguir.

• ¿Cuándo va con los “Crazy lovers”?

-Cuando no cuesta más de lo que ganas. Siempre están detrás en los discos.

• ¿Recuerda la primera vez que salió a cantar?

-Sí. Iba a debutar en “La antigua estación”, pero fue el “Oviedo no suena” y suspendieron. Como tenía preparadas versiones de “Burning”, Tom Petty, Quique González, Sabina y 18 temas míos fui al “Cascayu”, en Cimadevilla, Gijón. Mi actitud era “lo voy a partir”. La adrenalina hizo que tocara a toda velocidad, como si me persiguieran. Había unas cincuenta personas, colegas y colegas de colegas que se movieron para ver si la cagaba o no. Firmé algún autógrafo mientras recogía el equipo.

• ¿Los chavales de 20 años escuchan rock?

-Si no eligen bien los garitos acaban oyendo latino. Hay rock más indie, metal, el rock fusión, que es el mío, entre el pop-rock y country-rock.

• ¿Y las letras? No están tan enfadados como los raperos.

-A veces disparo a dar. A veces te enfadas y otras, pasas del tema.

• ¿Qué le enfada?

-Tantas cosas que es mejor pasar de largo. Déjate de líos. No sólo problemas sociales superjevis sino reacciones humanas que me ponen del hígado.

• Ser músico es un problema social.

-De la hostia, pero sigo esperando por la canción del millón de euros, que es un poco más que la del millón de dólares.

• ¿De verdad?

-Por supuesto. Hubo una época que hacía mogollón de canciones y llegó una colega pintora y dijo “hoy hice mi mejor cuadro”. Me quedé todo pillado y me dije: “voy a hacer mi mejor canción”.

Pablo Valdés

• Ha grabado un directo.

-Se cumplían los diez años del primer disco del grupo. Será el noveno. Lo grabamos en una nave de Siero en dos sesiones, con público y sin público. Estamos mezclando video, audio y empaquetando para fábrica.

• Qué espera del disco?

-Ser el puto amo. Autoeditas un CD por tenerlo físico, haces una tirada pequeña, pillas poco de las descargas, consigues la publicidad de Asturias y mandas el disco al locutor que te gusta a ver si te llama de vuelta. Alguna llamada de esas recibimos, pero no fue la buena-buena. La colgaremos en la red para que ven que la banda suena bien y seguiremos dando palos de ciego hasta dar con el quiz de la cuestión, supongo.

Más información: