San Miguel de Lillo revela los secretos de su restauración

Profesionales, estudiantes y turistas, los primeros en acceder al monumento prerrománico mientras trabajan los técnicos del Instituto de Patrimonio

Restauradores y turistas conviven en la iglesia de San Miguel de Lillo

Montse Aja guió ayer la primera visita a las obras de restauración de las pinturas de la iglesia prerrománica de San Miguel de Lillo. Mostró el exterior del edificio e hizo entrar al grupo en el interior, mientras Cristina Carrero y Berta Martínez trabajaban bajo el andamio y tras una mampara. Los primeros en acceder al edificio, hacia las diez y media de la mañana, fueron profesionales de la restauración, estudiantes de historia, turistas y ovetenses. Aja los acompañó durante 45 minutos y se despidió de ellos con una reflexión: “Es deber de todos conocer nuestro patrimonio; estamos aquí y somos lo que somos gracias a todo lo que nos precedió”.

Ese es exactamente el propósito del programa “Abierto por restauración”, en el que Instituto Nacional de Patrimonio Cultural ha incluido este verano al monumento ovetense. Ese organismo, dependiente del Ministerio de Cultura, es el que acomete las obras en Lillo, a través del personal técnico de la empresa Artyco. La intervención, que entre otras cosas busca conservar y proteger las pinturas del interior, durará año y medio y está presupuestada en cerca de un millón de euros.

Montse Aja, a la izquierda,explica a los participantes en la primera visita a las obras de restauración de San Miguel de Lillo algunas singularidades del oficio prerrománico.

“Lo que se conoce se respeta”, comentaba ayer, unos instantes antes del comienzo de la primera visita a San Miguel, Emilio Ortiz, el responsable de la organización de las visitas. La actividad está enfocada, según indicó, “no tanto desde un punto de vista técnico sino para el público general” y, además de dar a conocer el trabajo de los restauradores, permitirá a los ciudadanos comprobar de primera mano “en qué se invierten los fondos públicos” y “dónde acaba lo que se invierte”.

Las visitas a San Miguel de Lillo se llevarán a cabo todos los lunes, mañana y tarde, de julio a septiembre y a lo largo de todo ese tiempo, quien repita podrá valorar cómo van avanzando los trabajos. Es, en ese sentido, una actividad “muy viva”, en palabras de Ortiz. Los guías son profesionales de la restauración -la ya citada Montse Aja y Natalia Díaz-Ordóñez-, que han recibido una formación específica sobre el desarrollo del programa.

Los grupos serán, como máximo de 20 personas. Los primeros, ayer por la mañana, se quedaron en siete, pero más de la cuarta parte de las plazas disponibles, según los organizadores, ya está reservada, gratuitamente a través de la página www.abiertoporrestauracion2018.es. Algunos de los grupos ya han colgado el cartel de “completo”.

Una vista general de San Miguel de Lillo durante la visita.

Además de información general sobre los monumentos, los guías hacen ver a los visitantes la naturaleza y las peculiaridades del trabajo de los restauradores. Ese es el aspecto más inusual de la visita. María Menéndez, una de las participantes en el primer recorrido por el monumento, se dedica a la restauración -de hecho, ella suplirá a las dos guías titulares de Lillo algunos días- y ayer llamó la atención sobre “lo desconocida” que es la labor de sus colegas. “Se habla de nosotros por las aberraciones, pero nuestro trabajo es más científico que artístico, analítica y química puras y duras”. Los hermanos Iván y Jorge Menéndez, de Oviedo, confirmaron la teoría. Ambos desconocían el edificio y reservaron plaza para la primera visita por internet. La curiosidad les llevó hasta allí y salieron sorprendidos por la minuciosidad de la restauración. “Yo no podría”, reconoció uno de ellos, refiriéndose a que, por su carácter, no podría ser tan paciente.

"Lo que se conoce se respeta", comenta el responsable de la organización de las jornadas

Francisco Serrano, de Getafe, y su familia completaron el grupo que debutó en el nuevo programa de visitas a Lillo. Él estudia Historia y su hermana, Lucía, y sus padres, Ángeles Portillo y Javier Serrano, lo acompañan durante un viaje por Asturias, para conocer su patrimonio. Después de pasar por el castro de Coaña, el pasado domingo, se acercaron a Oviedo a conocer el prerrománico. “Interesante” fue el calificativo que aplicaron a la visita al interior de San Miguel, a la que se sumaron en el último momento. La familia agradeció que el contenido, aún refiriéndose a cuestiones técnicas, esté “adaptado” y sea comprensible para los inexpertos.

La guía Natalia Díaz-Ordóñez recibe a un grupo de visitantes al pie de la Iglesia prerrománica
Francisco y Licía Serrano, durante la primera visita guiada a las obras de Lillo, mientras las restauradoras trabajan tras una mampara
La restauradora Berta MArtínez trabaja desde el andamio en las paredes de la iglesia
Uno de los grupos que ayer tuvieron acceso al interior del monumento durante la restauración

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