Oviedo Según San Mateo
Luisa Navia-Osorio García-Braga, sus labores, todas legales

“Oviedo es pobre y cada vez más; somos viejos, cada vez menos y no se quiere morir aquí”

“Mi tesis sacó cum laude en un tribunal de catedráticos, no de amigos, era pionera, pero las conclusiones fueron tan pobres que me dio vergüenza publicarla”

Luisa Navia-Osorio García-Braga (Oviedo, 1962) trabaja en sus labores “que es un espectro muy amplio y son legales y honradas todas”.

Mi primer recuerdo es una trampa de la memoria, porque veía el desfile de América en Asturias, desde casa de mi abuela Luisa, donde está hoy la Tesorería de la Seguridad Social, es decir que me quedaba muy lejos y con la plaza de la Escandalera por el medio. En esa casa había vivido San Rafael Arnáez Barón, el místico más importante del siglo XX y toda su obra gira en torno al ensimismamiento y el silencio, que ya es paradójico que fuera ante la Escandalera.

• Cuente más del asceta.

–Fue canonizado recientemente. Murió de diabetes a los 26 años, era arquitecto y su filosofía no se entiende en este mundo en que todo es para fuera y redes sociales. Su frase más célebre es “el mayor consuelo es saber que no tienes consuelo”.

• Pero usted veía el desfile.

–Y las majorettes, que me influyeron mucho porque me pasaba la tarde intentando hacer su movimiento con el bastón con un paraguas. A todo esto, me peleaba con mi primo Josechu Cuervas-Mons, el que fue concejal de Urbanismo, por los prismáticos de ópera para ver aquello que no podíamos ver y tirábamos serpentinas al vacío porque debajo no había fiesta ninguna.

• ¿Las vio a pie de calle?

–Sí, pero hizo falta que nombraran reina de Asturias a mi prima Silvia García Braga, la mujer de Joaquín de la Buelga, que era guapísima, y nos dieron entradas para verla desde una tarima. Si llego a tener una prima fea no las habría visto hasta 1992, que tuve otro primo guapo, Nacho Martínez, y salió de Cristóbal Colón.

• ¿No vivió las fiestas de calle?

–El ruido no me gusta. Últimamente disfruto los chiringuitos de la hostelería.

• ¿Dónde pasó la mayor parte de los San Mateo?

–En una casona familiar en Las Caldas, una infancia aislada con doble muro. Vivíamos solas mi madre, Teresa, una señora de confianza que cocinaba muy bien y yo. Y los perros. Era peligroso porque mi madre dormía con una escopeta debajo de la cama. Mis hermanos se casaron pronto y me sacaban muchos años. En el pueblo de Teresa, Caranga de Abajo, me llamaban “la serondina”. Mis padres fueron hijos tardíos y mi hijo también es “serondín”, palabra preciosa.

• Otoñal, sí. Una casona es lo que en Asturias llamamos un palacio.

–Suena pretencioso para el que no es asturiano. Lleva 19 generaciones en nuestra familia. Es del siglo XV. Yo era muy impresionable y cuando en el colegio Peña Ubiña preguntaron cuál era la fiesta más importante de la Cristiandad yo contesté “San Mateo”.

• ¿Su San Mateo adolescente?

–Como venía de estar aislada las fiestas en el Club de Tenis me hacían sentir como el príncipe Salina del “Gatopardo”. Había muy buenas actuaciones. Vinieron el “Dúo Dinámico” cuando eran momias; “Lolita”, cuando cantaba fatal, Bertín Osborne, que de aquella era guapo, Jayme Marques, Marta Sánchez, Duncan Dhu.

“Las fiestas del Tenis me hacían sentir como el príncipe Salina en ‘El Gatopardo’”
Luisa Navia-Osorio García-Braga

• Se fue a Madrid a los 20.

–Era 1982 y allí había cosas que, en Oviedo, no. Esperaba hacer películas con Almodóvar, como mi primo Nacho. Fui a estudiar dibujos animados.

• ¿Por qué?

–El límite en el dibujo animado es la imaginación y dibujo muy bien. Iba a una escuela de la calle de la Palma con mucho moderno. “Los Ronaldos” eran compañeros de clase.

• ¿Dónde vivía?

–En un colegio mayor de las Damas Catequistas, que conjugaba muy mal con ir a la escuela de la calle de La Palma. Había que estar a las 12 de la noche los fines de semana o dormir en la calle o dejar un teléfono para dormir fuera. Yo iba a casa de mi hermana Illana, que es fiscal en el Tribunal Supremo. Tenía muchos primos, como los Vijande, que tenían la galería de arte, entonces muy moderna.

• ¿Dejó el colegio?

–Fui a un dúplex en la calle San Bernardo entre gais jovencísimos, muchos trabajaban en la moda. Cuando fue a verme mi madre quedó horrorizada, pero luego le parecieron muy simpáticos y le impresionó lo bien que tendían la ropa.

• ¿Hizo animación?

–Poco. Trabajé algo en videojuegos. Ilustré algún libro y colaboré con Mingote en el suplemento “Al loro”, de “Abc”, que trabajaba la gente de la antigua “Codorniz”. Eran unos recortables con políticos a los que les inventaba la ropa. Hoy estaría en la cárcel.

• Hizo Ciencias de la Información.

–Sí. empecé a los 24 años. Me había gustado la informática e hice un cursillo de ordenadores Apple en la universidad de Informática y en aquella época compraron equipos de Appel y yo era la única que los sabía usarlos y fue una época dorada en la que me hacían la pelota hasta los profesores y así hasta que aprendieron a usarlos. Saqué sobresaliente cum laude en la tesis y mi tribunal no era de amigos sino de catedráticos. Tardé cuatro años en hacerla

• ¿De qué trataba?

–El bien y el mal en los juegos de rol de ordenador. La idea era muy buena y pionera, pero las conclusiones fueron tan pobres que me dio vergüenza publicarla y tampoco la tengo en la red. La conclusión era que las mujeres solían ser malas.

Esperaba hacer películas con Almodóvar, como mi primo Nacho. Fui a estudiar dibujos animados

• ¿Sabía qué quería ser?

–Nunca lo supe. Heredé de una tía, tengo un patrimonio y como más dinero gano es vigilándolo y haciendo pequeñas inversiones. Trabajaba en la Universidad, pero vivía de descubrir pisos, rehabilitarlo según mi gusto, habitarlos y venderlos o alquilarlos. Gané dinero porque la época era buena para hacer esas cosas.

• ¿Por qué menguó Madrid?

–Contado seguido es fascinante, pero la realidad es que había más gente con mucho más talento que yo y temporadas de mucha frustración porque se me ocurrían ideas que no podía llevar a la práctica. Las vidas artísticas son más bonitas para contarlas que para vivirlas.

• Regresó en 2000.

–A un Oviedo decadente y con una madre enferma durante un año lleno de tristeza y angustia. Pero a pesar de todo encontré un grupo de amigas divertidísimo y de antiguas amigas del colegio y lo pasé muy bien. Luego encontré a mi marido y la vida pasó a ser menos divertida pero muchísimo más feliz, estable y tranquila, con un niño muy pequeño y eso que no conocía me encantó.

• Tiene una novela que quiere sacar antes de navidades.

–Se me ocurrió de forma repentina. Me llevó más tiempo que tener a mi hijo, año y medio, pero me divertí y salió sin ningún esfuerzo.

“En 2000 regresé a una ciudad decadente y con una madre enferma durante un año lleno de tristeza y angustia”
Luisa Navia-Osorio García-Braga

• Una novela totalmente actual en Oviedo. ¿Oviedín se explica por las clases sociales?

–Se explicó. Cambio la estructura, ya no hay cogollo sino urbanizaciones, viene al Tenis y hay pocos jóvenes. Fue una ciudad con muchísimos cambios, con una revolución y una guerra civil muy particulares, muy sacudida y reconstruida, que fue rica y pobre en muy poco tiempo…

• ¿Cómo es ahora?

–Pobre como una rata, y cada vez más. Somos menos y tan viejos… qué personas jóvenes nos van a sostener si se están yendo y no van a volver porque tampoco se van a jubilar aquí. La gente no quiere morir en Oviedo para no pagar el impuesto de sucesiones.

• Su familia lleva 17 generaciones marchando a Madrid. 

–Somos como los salmones. Nacemos aquí, vivimos fuera y regresamos a morir aquí.

• Está muy metida en las redes sociales.

–Para no perder contacto con los amigos de Madrid y de Suecia, donde estuve un verano entero en Lund, con una beca que me dieron en Ciencias de la Información, la más pobre de todos los jóvenes investigadores. Las suecas son muy divertidas y pizpiretas y los suecos muy guapos y aburridos. Se salía por la noche en bicicleta y bebían como bestias ellos y ellas pero ninguno vomitaba.

• Hablaba de las redes sociales.

-A través de ellas encontré a un montón de gente. Me habría muerto por conocer a Ouka Lele cuando estaba en la movida y la conocí aquí por una amiga del colegio, Cristina Alonso, que está en un monte en Morcín. Ouka Lele nos hizo retratos muy bonitos a mi hijo y a mí.

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