Oviedo Según San Mateo
Carmela Fernández Herrero, hostelera

“Nunca tuve que llamar a nadie para poner a un hombre en su sitio”

"Estudiaba graduado social ya casada. Mi exmarido puso “Gloria Bendita” (en la calle San Antonio) con otros socios y lo seguí. Tuvimos una chupitería “Por poco”, en Mon. Al separarme cogí con un socio el “Heaven”, en la calle Oscura, sin estar allí"

Carmela Fernández Herrero IRMA COLLÍN

Carmen Fernández Herrero,  Vega del Ciego, Lena, 1963), desde hace 32 años en el Oviedo Antiguo, abrió “Ay, Carmela” hace 29 años y ahí sigue todas las noches, salvo domingos.

–Estudiaba graduado social ya casada. Mi exmarido puso “Gloria Bendita” (en la calle San Antonio) con otros socios y lo seguí. Tuvimos una chupitería “Por poco”, en Mon. Al separarme cogí con un socio el “Heaven”, en la calle Oscura, sin estar allí.

• ¿Cambió la manera de divertirse de la gente?

–Sí. Antes en el Oviedo Antiguo paraba gente más mayor; ahora, más joven. No sé cómo ligan porque no hablan. Antes charlaban y sabían ligar. Había  unas conversaciones y una tertulias… Yo era una pardilla y pasaba una vergüenza.

• ¿Y eso?

–Tenía 23 años cuando me casé y pasé del pupitre a la barra. El trato al público me costaba.

• ¿Cómo lo superó?

–A base de barra y poco a poco. Me decían unas burradas que pensaba “esta gente está atarzanada. Venía de un colegio de monjas, de los marianistas y de hacer graduado social.

•  ¿Aún le sorprende lo que oye, para bien o para mal?

–Hay gente ingeniosa y cada encefalograma tan plano. ¿Será el alcohol o serán así? Retocedemos en el tiempo y la gente es más superficial. Los más jóvenes no se comunican, no hablan. Se ponen al lado de una chica mona y… claro que como ahora todo es machismo. Pasamos de un extremo a otro. Agradezco que me digan “guapa” y nunca tuve que llamar a nadie para poner a alguien en su sitio.

• ¿Paró pies por las manos?

–Poco. Me respetan. Si veo que se pasan con la camarera los pongo verdes. A un hombre con copas lo capoteas y se da cuenta de que se pasó de la raya. Lo que no puedes es seguirle el rollo al que ya lo ves entrar.

• ¿Y el borracho pesado?

–Como son de casa los trato fatal. Los mando para casa: “no son horas de ir a una casa respetable”. Ellos también me aguantan a mí. Todos tenemos malos días. A veces me doy cuenta “no tendría que haber dado esta contestación” y me lo consienten los probes. Estoy muy orgullosa de la clientela. Entre semana abrir no es rentable pero me gusta venir, la noche y hablar. En fin de semana no hay conversación, es vender.

• Ah, usted abre por semana.

–Y algunos más. Cuando empecé abríamos a las 6 de la tarde y venían estudiantes del Bierzo. Los lunes y los miércoles eran el día del espectador, iban al cine y quedaban a tomar copa. Con los años abrieron facultades en León y alejaron los campus y los cines. Una pena. Los jueves acabaron en la crisis del 92. En viernes y sábados el barullo aparenta más del efectivo que produce.

• ¿Y en verano?

–Antes tenía algún “rodríguez” por semana. Ahora los viernes y sábados me parece que hay mucha gente comparada con lo de antes. Mis clientes son muy de Luanco, Ribadesella, Llanes y se me van. El mejor mes es diciembre y el peor, noviembre.

• Y ¿San Mateo?

–Nada. Cuando cierran los chiringuitos empezamos pero hay que cerrar en seguida. Los conciertos de la Catedral que podrían beneficiarme -“Café Quijano” o “Celtas Cortos”- empiezan a las 11 y la gente trabaja.

Carmela Fernández Herrero
A un hombre con copas lo capoteas y se da cuenta de que se pasó de la raya. Lo que no puedes es seguirle el rollo al que ya lo ves entrar
Carmela Fernández Herrero

• Tiene un hijo de 20 años.

–Pelayo. Hace tercero de magisterio, primaria en Padre Ossó. Le encantan los niños.

• ¿Cómo pudo criarlo?

–Cuando me separé era muy pequeñín y tenía éste bar, otro en Oscura y otro en Mon. La bodega aquí era a las 10 y en Oscura a las 12 y yo lo llevaba en silla. Como quise tenerlo, marchaba de aquí a las cuatro de la mañana y a las siete y media estaba en pie para llevarlo al bús. Tenía una mujer en casa pero quería estar con él.

• Mejor profe que hostelero.

–Ay, sí. Le gusta, pero no le dejo porque es muy sacrificado, no sé qué es una nochevieja, las vacaciones son de una semana, los camareros de la noche cansan pronto. A mí es que me gusta socializar y lo paso genial ¿Tú sabes lo que aprendí aquí?

• Como en “Lecturas” ¿rehizo su vida?

–No y estoy genial. No quise nunca más. Que prueben los que nunca probaron. Convivir conmigo es difícil: tengo mucho carácter y soy independiente. A la camarera, Laura, que es majíisma le dijo: “ay, no sé cómo me aguantas y con los años que tengo… estoy rancia”.

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