Luces y sombras del Prerrománico

La situación de un legado patrimonial único en el mundo

Lorenzo Arias Páramo, un cuarto de siglo velando por el Prerrománico asturiano.

Ascender al Naranco es como entrar en un relato de Ernest Hemingway. En concreto, es como recorrer las primeras páginas de “Las nieves del Kilimanjaro”, en las que el novelista americano que amaba España describe la más alta cumbre de África, conocida por los nativos como “la Casa de Dios”. “Cerca de la cima”, relata Hemingway, “se encuentra el esqueleto seco y helado de un leopardo, y nadie ha podido explicarse nunca qué estaba buscando el leopardo por aquellas alturas”.

"Los monumentos son enfermos crónicos, pero tienen que durar otros mil años"

En el Naranco no hay esqueletos de leopardos, que se sepa, pero el caminante que ascienda por esa ladera podrá encontrar unos restos aún más singulares y relevantes: los de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, los dos edificios que se conservan del complejo palatino de Ramiro I, que reinó en Asturias entre el 842 y el 850. Al igual que el depredador africano, nadie sabe con total seguridad cómo acabaron esos dos monumentales edificios en las alturas del Naranco, pero acaso quien más se acerca a resolver ese misterio, y los demás secretos que aún oculta el Prerrománico asturiano, sea Lorenzo Arias Páramo.

El historiador del arte publicó, hace ahora 25 años, el libro “Prerrománico asturiano: el arte de la monarquía asturiana”, un estudio global que recogía los once edificios que se conservan de la época del Reino de Asturias, además de un apéndice con diversos restos de otras edificaciones desaparecidas y otro dedicado a la presencia del arte asturiano en Galicia. Un estudio de referencia, que vio la luz en un momento en el que había una incipiente preocupación en la sociedad asturiana por la conservación de estos edificios.

La sombra de Lorenzo Arias proyectada sobre la fachada de Santa María del Naranco

Al presentar el volumen, el propio Lorenzo Arias reclamaba, en las páginas de LA NUEVA ESPAÑA, mayor atención sobre estos bienes patrimoniales. “Si hay una actividad en Asturias en estos momentos que tenga prioridades, es la conservación del patrimonio y especialmente la del Prerrománico, por su carácter de excepción”, afirmaba Arias. Un cuarto de siglo después, el historiador, el único especialista del arte de la Monarquía asturiana dentro de la Universidad de Oviedo, repasa los principales hitos y las más dolorosas ausencias en la conservación de este patrimonio único.

"La situación del Prerrománico no es tan mala como hace veinticinco años: hay más presupuesto y más sensibilidad", dice Arias

“La situación actual no es tan mala como era entonces. Lógicamente, en estos años ha habido avances en la conservación del patrimonio en general y del Prerrománico en particular. Primero porque hay más presupuesto para este tipo de actuaciones, pero también porque hay una mayor sensibilidad hacia el patrimonio. Es algo que yo creo que habla de un mayor nivel de desarrollo cultural”, reflexiona Lorenzo Arias. Pero la historia de la conservación del Prerrománico, advierte, es ya desde el siglo XIX un relato con luces y sombras, con grandes avances y oportunidades perdidas. Y estas últimas décadas no han sido ajenas a esa dinámica.

Su primera experiencia con el arte de la Monarquía asturiana, recuerda, fue de la mano de Emilio Olábarri, durante sus excavaciones en el entorno de Santa María del Naranco. Era 1985, y un joven Lorenzo Arias comenzó una tarea que le llevaría toda una década: la realización de las planimetrías de los monumentos prerrománicos. “Eran otros tiempos, y otra Administración también. Nosotros bajábamos de la excavación y nos reuníamos con Manolo de la Cera, que era el consejero de Cultura en la época. Y hablábamos con él tranquilamente, discutíamos si había que hacer esto o lo otro. Ahora, ese tipo de contacto directo con un consejero es impensable. La Administración es mucho más grande y está también mucho más burocratizada”, asegura.

Interior de Santullano

Entre finales de los años ochenta y principios de los noventa del pasado siglo se dio, relata Arias, “un salto cualitativo en la conservación del Prerrománico”. Los precedentes no eran especialmente halagüeños: las intervenciones historicistas de finales del siglo XIX y principios del XX habían llevado a la retirada del enlucido de los templos, clave para la conservación de las pinturas interiores, a la modificación de algunos edificios y, en algunos casos, a la pérdida de los frescos. “No soy partidario de ser muy duro con aquellos arquitectos: eran intervenciones propias de su época, no tenían nuestra concepción del patrimonio”, sostiene Lorenzo Arias.

La mayor prioridad del Prerrománico es intervenir sobre las pinturas de Santullano, es una actuación pendiente desde hace décadas

Pero en ese momento en el que él comenzaba a estudiar el Prerrománico, insiste, nacía una sensibilidad hacia este estilo arquitectónico.En diciembre de ese mismo 1985 en el que Arias trabaja con Olábarri, tres monumentos prerrománicos -Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo y Santa Cristina de Lena- fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Eso marcó el inicio de la reivindicación de este patrimonio, que eclosionó en 1993 con la gran exposición “Orígenes”. Entre medias, el Principado inició una serie de intervenciones en los monumentos prerrománicos, con medios ajustados pero muy bien asesorados.

“Se había formado un comité de expertos entre los que había arqueólogos, arquitectos e historiadores de toda España. Hablamos de gente del nivel de José María de Azcárate, Magín Berenguer o Germán Ramallo, a los que se consultaba cualquier intervención. Eso era una garantía. Pero ese comité desapareció, no sé muy bien por qué, y no se ha vuelto a hacer nada parecido”, revela Arias.

Santa Cristina de Lena

Ésa es la mayor carencia que aprecia Lorenzo Arias: la ausencia de un plan global de conservación e intervención en el Prerrománico. “Hubo una opción, que fue el plan director del Prerrománico. Pero está parado”, lamenta Arias. Así las cosas, ha habido hitos importantes, especialmente entre 2004 y 2014, un decenio en la que se concretaron diversas intervenciones.

"El ejemplo de Albania demuestra lo polémico que puede poner enlucido a una iglesia altomedieval. Hace falta un cambio de mentalidad"

Entre ellas, el historiador destaca intervenciones relevantes como la restauración de Santo Adriano de Tuñón, primero en el edificio, en 2008, y ya el año pasado en las pinturas. En Santa Cristina de Lena, en 2012 se restituyeron numerosos sillares. Y en el Naranco, resultó clave la recuperación de las pinturas de Lillo: “El Músico”, en 2013, y “El Entronizado”, en 2017. “Ésta fue una doble intervención muy importante, porque son las dos pinturas culmen de la pintura altomedieval en Occidente, y cuyo origen se rastrea en los Beatos. Pero también las que más polémica generaron”, explica.

Tampoco fue ajena a la polémica la intervención sobre la iglesia de Abamia en 2007. La inclusión de un enlucido en un tono amarillo motivó una controversia regional. “Es el modelo de lo polémico que puede ser enlucir y dar color a una iglesia altomedieval. Otra cosa es que los edificios altomedievales, sobre todo los que tienen pinturas al interior, deberían estar enlucidos, como estaban en origen, porque protege el muro y los frescos. Pero no podemos obviar que para hacer eso es preciso un cambio de mentalidad, que tardará en llegar”.

San Salvador de Valdedios

Con la restauración de las pinturas de San Miguel de Lillo en plena ejecución, la mayor prioridad para Lorenzo Arias es la restauración de las de Santullano: “Hablamos del mayor conjunto de pintura altomedieval de Occidente y está pendiente una intervención desde finales de la década de 1970, cuando hubo una restauración poco afortunada”. La Consejería de Educación y Cultura coincide con este criterio: sus rectores ya trabajan para impulsar una actuación tras finalizar la de Lillo.

Más allá de esta emergencia, Lorenzo Arias reclama ese plan global de actuaciones. Algo que se podría concretar en el anunciado “Libro Blanco del Prerrománico” que prepara el Principado. “Que hagan un libro blanco, un libro áureo o lo que quieran, pero se necesita una sistematización de intervenciones en la restauración de los edificios. Porque hay dos fases: tú puedes hacer una inversión determinada, pero acto seguido tiene que haber un mantenimiento. Tenemos un ejemplo en la senda que lleva a los monumentos del Naranco: cuando se inauguró era muy bonita, pero ahora es intransitable, un camino lleno de maleza por el que no hay quien pase. Pues con estos edificios es aún más importante porque son enfermos crónicos. Pero enfermos que tienen que vivir otros mil años y necesitan un mantenimiento constante. Si no hay mantenimiento, no sirve de nada”, concluye el historiador.

San Miguel de Lillo

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