Los robots del futuro, en persona

Una exposición en el Calatrava presenta las últimas tendencias en robótica: máquinas colaborativas, empáticas y con alta capacidad de aprendizaje

Las empresas asturianas del sector despegan en el extranjero, establecen alianzas dentro y fuera de España y buscan nuevos huecos de mercado

Loomo corretea como un loco de una esquina a otra en el hall de entrada del Palacio de Congresos de Buenavista persiguiendo a un niño. Su hermana pequeña, en otra esquina, arrulla entre sus brazos a Nuka, una preciosa bebé foca, mientras una amiga suya, a pocos metros, acaricia a Jibo, que ronronea con tanto mimo. Loomo, Nuka y Jibo son tres robots de los muchos que ayer se pudieron ver, tocar y, lo más importante, ante los que se pudo interactuar en Expo Robot 2018. La jornada organizada por Oviedo Emprende y la Asociación de Jóvenes Empresarios trajo a Oviedo una muestra de las últimas tendencias en robótica. Máquinas diseñadas y programadas para ser, cada vez, más “humanas”. Y empresarios, también, decididos a encontrar un hueco en el sector a base de la especialización.

Incluso los robots industriales, como los que trajo Robot Plus, una empresa de Madrid que ya tiene sucursal en Vigo, aportan como novedad, frente a la vieja generación de máquinas el factor humano. Es lo que ellos llaman industria 4.0. Juan Manuel González y Héctor Fernández explican que aparatos como el brazo E-Series de la danesa Universal Robots que ellos comercializan en España son “colaborativos”, es decir han sido pensados para trabajar al lado de operarios humanos. Sus sensores garantizan la seguridad total ante el contacto con una persona. Además, sus dimensiones y sus complementos, como la cámara pick-it de visión 3D, permiten cambiar rápidamente sus funciones e incluso su emplazamiento. Y están pensados para ser fácilmente programables, sin necesidad de que el operario que los controle sea un especialista en programación o en robótica.

Empresas como Robot plus se han especializado en la distribución de soluciones comerciales para la industria. Un caso distinto, aunque pensado también para la gran industria, es el de Raul Alvarez y Armando Gallardo, fundadores de Azisa hace más de dos años en Gijón. Mientras otros compran un dron para sacarle rendimiento económico como quien adquiere una grúa, ellos pensaron al revés. Primero, el servicio que iban a ofertar. Y dieron con un mercado muy específico, soluciones de exploración para la industria petrolífera, el sector “oil&gas”. Sus robots, drones adaptados, vehículos preparados por ellos que utilizan programación de código abierto para ajustarlos a todo tipo de necesidades, incluyen tanto aparatos aéreos como vehículos de tierra o hasta un vehículo marino. Otra novedad, entendieron que “en la era digital no tenía sentido entregar sólo imágenes al cliente”. Por eso sus robots mapean y generan modelos 3D de los equipamientos que exploran y entregan informes cualificados alojados en una plataforma web.

Desde Madrid, aunque de origen asturiano, Pablo Medrano, al frente de Casual Robots, fue uno de los que aportó ayer mayor variedad a la muestra. No en vano, su firma es una de las que más modelos de robots tiene en cartera de toda Europa. Eso le permitió traer a Oviedo algunos prototipos que aún no han llegado al mercado. Destacaban de todo su muestrario los asistentes personales. “Han venido para quedarse”, afirma tajante. Son versiones más avanzadas que Alexa, Siri o el altavoz de Google. Tienen lo mismo pero además hacen el análisis biométrico del usuario, lo reconocen y generan empatía, ya sea con rasgos faciales en sus pantallas, juegos de luz o sonidos.

Las nuevas máquinas son “cero clicks”, se manejarán con un lenguaje universal de signos

Más novedades de las máquinas que vienen, explica, son el “cero clicks” (se manipularán por un sistema gestual, un lenguaje universal de signos para manejar a los robots) y aprenderán muy rápido, porque gracias a la computación centralizada todo lo que un robot aprende lo acaban aprendiendo todos los modelos en el mundo en diez años. Los precios de estos asistentes no serán, además, más caros que el de un móvil de última generación y se espera que el incremento de penetración en el mercado de estas máquinas sea de entre el 45 y el 70%.
De nuevo desde Asturias, Laura Rodríguez ofreció otra experiencia, educativa y terapéutica. Su robot Nuka, la bebé foca, desarrollada en colaboración con Japón, permite utilizar la terapia animal allí donde no se puede o sería peligroso, como una residencia de ancianos. Para Edelvives han desarrollado Next, un robot educativo para iniciar a los niños en programación. Ahora preparan el lanzamiento de una versión comercial tras haber obtenido una licencia para convertir a Peppa Pig en un robot.

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    El 95% del trabajo que realizan los drones de Azisa es fuera de Asturias, y están empezando a trabajar en proyectos internacionales. Sus drones han explorado equipamientos de Repsol o de la central de Vandellós, donde han adquirido varios de sus vehículos. Sorprende que Raúl Álvarez y Armando Gallardo no son ingenieros. “Venimos de la rama técnica, pero rompemos una lanza por la no titulitis, hoy en día no se trata de eso”. Ellos colaboran con ingenieros, pero insisten en que la clave, en su modelo, fue localizar un nicho de mercado por el que nadie había apostado antes en España, una industria compleja como el sector petrolífero, y lanzarse. En breve se mudarán a una nave más grande en el parque de Gijón.

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    El empresario de origen asturiano Pablo Medrano fundó Casual Robots en 2013, aunque empezó a tenerlos un poco antes, en 2009. “Pero no es sólo tenerlos”. Su negocio está a caballo entre las grandes consultorías y los que venden las máquinas. Él funciona, en realidad, como una especie de agencia de contratación de robots. Si un aeropuerto o una empresa vienen a verle para solucionar determinadas funciones, su equipo selecciona al robot más adecuado para esa tarea. Se los sirve, los gestiona y los mantiene. “Vendemos servicios, no vendemos robots”, resume. Está convencido de que el robot asistencial ha venido para quedarse y que todas las empresas tendrán que acabar incorporando la robótica.

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    La experiencia china de Adele

    La compañía de Laura Rodríguez, Adele Robots, se limita a diez empleados, uno de ellos japonés. Estaban en el polígono de Llanera y ahora pasarán al parque tecnológico de Gijón. Pero también están establecidos en Hong Kong porque fabrican sus robots allí. “Aquí sería imposible hacerlo, menos cuando nosotros empezamos”, explica.

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    También desde Gijón, Nacho Junquera se ha especializado en la Realidad Virtual con Wuau!. Tiene un local dedicado a la experiencia de ocio y una división para desarrollar nuevos productos. Sus planteamientos incluyen contextos de realidad virtual con elementos físicos. Al final, cuenta, “se trata de una experiencia de ocio, no tanto de gamers, y por eso nuestro público no es tanto el de los chavales más jóvenes como un perfil más adulto”.

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