El Campoamor, laboratorio de danza

Treinta y dos profesionales e investigadores trabajan en el teatro durante quince jornadas maratonianas para elaborar una tesis artística

Los ensayos también se realizan en el Auditorio Príncipe Felipe y en la Escuela de danza Elisa Novo.

“Gastamos mucha energía física y mental al trabajar intensamente muchas horas. Particularmente yo salgo de aquí con la cabeza llena de ideas“. Edoardo Ramírez forma parte del equipo que está utilizando el Campoamor más como un laboratorio que como un teatro. Acabarán el 5 de agosto tras un total de quince días de trabajo maratoniano. Este “freelance” de 26 años y origen mexicano pertenece al grupo de quince bailarines que transforma en movimientos las reflexiones del resto de la troupe; seis coreógrafos, cinco investigadores, cuatro compositores y dos artistas plásticos. Un total de 32 profesionales de la danza y la música que desarrollan en Oviedo la quinta edición de las “Estancias coreográficas”.

El ovetense Yoshua Cienfuegoses el alma de este peculiar laboratorio artístico que dirige junto a la también carbayona Lucía Piquero. Ambos se conocieron en Malta durante un encuentro coreográfico capitaneado por ella, profesora de danza en la Universidad maltesa. “Conectamos de inmediato y nos dimos cuenta de que entendíamos la danza de la misma forma. Estaba claro que teníamos que poner en marcha un proyecto en común”, explica Cienfuegos. Aquello desembocó en 2013 en la inauguración de las primeras “Estancias coreográficas”, en Gijón. Sin embargo, los ovetenses apostaron los años posteriores por su ciudad de origen y lo consiguieron. Lo explica el creador del proyecto: “Queremos situar el Campoamor como referente en el mundo de la danza”.

El bailarín Edoardo Ramírez, en el centro, durante una reunión de equipo

El proyecto cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Oviedo a través de la Fundación Muncipal de Cultura, la Universidad de Malta, la de Roehampton de Londres y el Suzanne Dellal Dance Centre de Tel Aviv, en Israel. Además, los ensayos también se realizan en el Auditorio Príncipe Felipe y en la Escuela de danza Elisa Novo.

Queremos situar al Campoamor como referente en el mundo de la danza
Yoshua Cienfuegos

Las “Estancias coreográficas” cambian en cada edición y según Piquero constituyen un aprendizaje continuo. De hecho, ya se ha grabado un documental y se han editado dos libros con algunos trabajos finales. El tema principal de 2018 es la relación y la necesaria colaboración entre la música y la coreografía. Finalmente, el equipo elaborará una tesis similar a un cuaderno de bitácora con las claves del proceso creativo. Para conseguirlo, es fundamental la labor de los que están detrás del escenario.

Maynor Chaves, en un descanso

Jesús Mascarós se ocupa de la producción y la coordinación de este laboratorio experimental. A veces se pasa cerca de 18 horas al pie del cañón. Repasa las escaletas de la jornada -con hasta tres talleres simultáneos-, documenta la información, elabora dosieres o clasifica formularios. Lo hace en una pequeña mesa entre bambalinas, en algunos de los espacios del Campoamor habilitados a modo de despachos o incluso sentado en el escenario. Allí también suele estar Vicente V. Banciella, el encargado de la coordinación de los artistas plásticos y las investigadoras principales Stephanie Jordan y Carmen Giménez Morte, catedrática de danza de la Universidad de Roehampton y catedrática del Conservatorio Superior de danza de Valencia, respectivamente. Todos comparten el amor por la danza, la música y la capacidad de sacrificio. Así, Giménez Morte analiza y toma apuntes sin apenas descanso. “Es un proyecto apasionante”. Las conclusiones de los “Encuentros coreográficos” pueden marcar un antes y un después.

Ariadna Llusà practica en el escenario

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