“Dejé hasta la carrera por las apuestas”

Un joven de 23 años relata el "infierno" de vivir enganchado a las apuestas y a otros juegos de azar

Comenzó jugándose a las tragaperras las vueltas de las consumiciones y en menos de un año estaba vendiendo sus pertenencias personales para quemar el dinero en las apuestas deportivas o en las ruletas digitales. Ricardo –ese es el nombre ficticio que ha elegido para contar su historia– tiene actualmente 23 años y es sólo uno de los muchos jóvenes que asisten regularmente a la sede ovetense del colectivo de Ludópatas Asociados en Rehabilitación del Principado de Asturias (LARPA) para intentar salir de una adicción que llegó a tenerlo contra las cuerdas. El número de ludópatas de no más de veinticinco años se ha triplicado en los últimos dos años en Oviedo, lo que ha generado una alarma social y una oleada de protestas ante la aparición de las casas de apuestas en la ciudad, especialmente en barrios humildes.

“Me gastaba todo lo que tenía, perdí muchas amistades y me convertí en una persona sin sentimientos, no te das cuenta del daño que le haces a la familia. Sólo vivía para apostar. La dependencia era tal que tuve que dejar la carrera que estudiaba fuera de Asturias para volver a casa”, explica Ricardo, que lleva dos años rehabilitado y hace seis meses que recibió el alta terapéutica. “Aún así esto es una enfermedad para toda la vida. No puedo echar una quiniela ni jugar siquiera una partida de parchís porque se puede recaer”, señala.

Ricardo tenía dieciocho años cuando empezó con las tragaperras. “Al principio jugaba sólo unas monedas con los amigos, pero después empecé a gastarme más cantidades y a jugar solo. Luego pasé a las apuestas deportivas. Por entonces no era tan habitual hacerlo por internet, pero yo iba a los salones de juego a gastarme el dinero en algún partido de fútbol o en la ruleta”, explica el joven. A partir de ese momento se le fue de las manos. “En teoría tenía que asistir a la facultad por las mañanas, pero si tenía dinero me metía directamente en el salón de juegos. No podía concentrarme en los estudios ni en ninguna otra cosa porque sólo pensaba en apostar. Cuando me iba a dormir planificaba las apuestas del día siguiente, me hacía mis películas pensando en resultados de partidos de fútbol, soñaba con los números de la ruleta, acabé jugando por internet… Aquello era horrible”, asegura Ricardo.

  • El perfil del ludópata

    El perfil del joven ovetense adicto al juego es el de un varón “de entre veinte y treinta y cinco años” que apuesta a diferentes deportes a través de internet o en las casas de juego que se reparten por la ciudad, aunque en los últimos meses se han detectado otras variantes. “Ahora tenemos chicas muy jóvenes que juegan a las máquinas tragaperras por internet. Antiguamente solíamos atender a varones de mediana edad que venían a las terapias con su mujer, pero últimamente, como los afectados son más jóvenes, vienen con sus parejas y con sus padres porque toda la familia está desestabilizada a consecuencia de la adicción”, señala Maxi Gutiérrez.

El joven no es capaz de calcular el dinero que se gastó en juegos de azar, pero las pérdidas fueron elevadas. “Un ludópata se gasta todo lo que tiene, un día veinte euros y otro quinientos. No fue mi caso porque conseguí ponerle freno, pero se llega a robar a la familia e incluso a vender droga para sacar dinero. Yo lo que hacía era pedir microcréditos. Algunas veces solicitaba 300 euros, otras 600… lo pedía cada vez que podía y todas las veces que cumplía los requisitos para que me lo concediesen”, relata Ricardo. Maxi Gutiérrez, el presidente del colectivo de Ludópatas Asociados en Rehabilitación del Principado de Asturias, asegura que en la asociación hay una persona “de unos cuarenta y cinco años” que han llegado a acumular más de 300.000 euros de deuda a base de préstamos. “Yo no puedo calcular lo que me he gastado, pero ha sido mucho”, recalca.

"Me gastaba todo el dinero que tenía y perdí muchas amistades: sólo vivía para apostar"
Ricardo (nombre ficticio)

El joven celebra cada día haber podido salir del “infierno” en el que se había convertido su día a día. “Al principio juegas para ganar, después para tratar de recuperar lo que has perdido y al final terminas jugando por jugar, sólo porque la enfermedad ya te ha ganado”, señala. “Un día podías ganar setecientos u ochocientos euros, pero no duran nada. Cuando ganas eres el puto amo y cuando pierdes te sientes la mayor mierda del mundo”, añade. “Después está el alcohol y las drogas, que están ligados al juego. Yo no me drogaba, pero si calentaba el pico jugaba mucho más”. Ricardo no alertó de su problema en casa. Fueron sus padres los que comenzaron a notar que algo no iba bien. “Me mandaban dinero y no me duraba nada. Yo ponía todas las excusas del mundo, porque te conviertes en un mentiroso compulsivo, pero al final todo salió a la luz. En ese momento lo conté todo y decidimos que tenía que ponerme en cura”, afirma. Entonces se puso en contacto con los responsables de LARPAy su vida cambió. “Vuelves a vivir. Animo a todos los jóvenes que estén en mi situación a que pidan ayuda porque se puede salir de esto”, dice

"Cuando ganas eres el amo y cuando pierdes te sientes la mayor mierda del mundo"
Ricardo (nombre ficticio)

Asturianos de 20 años con 30.000 euros de deuda por su adicción a las apuestas

El porcentaje de jóvenes ovetenses adictos a las apuestas y a otros juegos de azar se ha triplicado en los dos últimos años. Esas son las escalofriantes estadísticas que maneja el colectivo de Ludópatas Asociados en Rehabilitación delPrincipado de Asturias (LARPA), una asociación con sede en la ciudad que se encuentra “desbordada” ante el crecimiento exponencial de los casos de ludopatía en edades tempranas. “Hasta ahora teníamos tres días de terapias a la semana a las que asisten entre veinticinco y treinta familias por sesión, pero hemos tenido que ampliar a cuatro días porque cada vez hay más afectados”, asegura Maxi Gutiérrez, que es presidente de LARPA y también de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (Fejar). La asociación con sede en Oviedo también ha tenido que ampliar sus locales para acoger a todos los jóvenes “enganchados” al juego que solicitan ayuda.

El presidente de LARPA relata casos que ponen los pelos de punta y que están a la orden del día. “Nos llegan chavales de veinte años con deudas que superan los 30.000 euros por las apuestas. Algunos consiguen el dinero a través de microcréditos, pero otros se lo piden a prestamistas y alguno se ha llevado palizas al no poder pagar”, asegura Maxi Gutiérrez. “Otros roban en sus casas, venden las joyas de la familia o acaban trapicheando con drogas para poder apostar”, sostiene Gutiérrez. “Parecen casos de película, pero lo más triste es que son pura realidad. Y lo peor es que muchos de esos chicos no tienen percepción del peligro. Llegan a las terapias obligados por sus familias y piensan que al ser tan jóvenes tienen tiempo de sobra para pagar las deudas que acumulan”, añade.

Aunque Maxi Gutiérrez reconoce que la ley del juego en Asturias “es de las más restrictivas de España”, considera que no es suficiente. “Los equipos de fútbol como el Sporting y el Oviedo anuncian las casas de apuestas en sus estadios o en sus camisetas cuando no está permitido. Se saltan las leyes a la torera”, afirma el presidente de LARPA. “La publicidad está por todas partes, en los medios de comunicación, en las marquesinas, los ídolos deportivos de los chavales promocionan las apuestas… Se hacen auténticas burradas y lo vamos a pagar muy caro si esta situación no se ataja cuanto antes”,añade. Según sostiene Gutiérrez, un cinco por ciento de la población asturiana está en riesgo de caer en la ludopatía y por eso es importante “regular y prevenir” antes de que ese porcentaje crezca. “Si un cinco por ciento de los ciudadanos tienen gripe se toman medidas. No entendemos porque no se hace en el caso de las adicciones al juego, ya que también hacen daño a los ciudadanos”, explica el presidente de LARPA

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