Los aviones despejan el verano

La multitud que siguió el festival aéreo de Gijón colapsa las cercanías de San Lorenzo al quedar la playa sin arena por la pleamar.

Gijón se convierte,un año mas, en la capital aeronáutica de Asturias

Gijón rivalizó ayer su condición de capital de la aeronáutica de Asturias, con la celebración del 12+1 Festival Internacional Aéreo, que durante tres horas (entre las doce menos cinco minutos del mediodía hasta las tres de la tarde) se celebró en el cielo sobre la bahía de San Lorenzo. Decenas de miles de personas presenciaron el carrusel aéreoen el que participaron 25 aeronaves entre aviones de hélice, a reacción y helicópteros, en las catorce actuaciones de la parrilla prevista por la organización. La pleamar obligó a miles de personas a seguir las evoluciones de los aparatos a lo largo del paseo del Muro, entre el Campo Valdés y El Rinconín. El lugar preferido por los aficionados a la fotografía fue el cerro de Santa Catalina.

Gijoneses y turistas disfrutaron, en un día de playa y nordeste, con un espectáculo que "merece la pena"

Además de capital veraniega y turística del Principado, Gijón puede considerarse la de la aeronáutica, no en vano fue a cien metros de la playa de San Lorenzo, en un solar anejo a la entonces fábrica de la Compañía Popular de Gas y Electricidad, desde donde se elevó el primer globo tripulado en Asturias, el 22 de julio de 1905, pilotado por Jesús Fernández Duro y su amigo Fernando Muñoz y Bernaldo de Quirós.También fue Gijón donde se celebró el primer festival aéreo de la historia del Principado, a mediados de agosto de 1911, en plena “Semana grande”. El protagonista fue el piloto francés Leoncio Garnier, contratado para que realizase varias exhibiciones a bordo de su monoplano Bleriot desde un aeródromo habilitado en La Guía. Más recientemente, el 18 de agosto de 1960, más de 100.000 espectadores presenciaron un Festival Aéreo que también tuvo lugar en la concha de San Lorenzo y en el que participó una unidad de paracaidistas del Ejército de Tierra. Y en el plano luctuoso, un “sportman” gijonés, Mariano Pola Collar, fue la primera víctima de la aviación española, al estrellarse con su aparato el 28 de diciembre de 1910 al intentar el vuelo París-Bruselas.

Un momento de la exhibición aérea del festival gijonés

El aperitivo del Festival Aéreo de ayer fueron dos aparatos ultraligeros procedentes del aeródromo de La Morgal, que dieron paso a la novedad de este año: un avión y un helicóptero del Servicio Aéreo de la Guardia Civil, aparatos destinados, preferentemente, a la vigilancia de fronteras marítimas.

Tras ellos apareció en el cielo azul cantábrico el helicóptero de salvamento marítimo Helimer, con base en el puerto exterior de El Musel. Desde el aparato se lanzó un muñeco a la mar para realizar un simulacro de rescate. Otro helicóptero reemplazó al Helimer en la parrilla del festival: uno de Bomberos del Principado de Asturias, provisto de un “bambi” para apagar incendios forestales capaz para 600 litros de agua.

Luego entró en escena un hidroavión Canadair contra incendios del Ejército del Aire, quien realizó varias tomas y sueltas de agua (es capaz de cargar más de 5.000 litros). La parte central del festival estuvo a cargo de dos aviones de entrenamiento y de un aparato Laser 300 diseñado para la acrobacia.

Un helicóptero de Bomberos del Principado con un "bambi" de 600 litros de capacidad

Arrancaron muchos aplausos por sus acrobacias los dos aparatos Aerosparx procedentes del Reino Unido y que se despidieron lanzando humo rojo y blanco, los colores de la bandera de Gijón. Siguieron tres aparatos italianos también de acrobacia y, después, dos clásicos: un caza Mustang con el distintivo de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos (USAF) y un aparato de ataque Skyraider.

Fue también muy aplaudida la intervención del avión francés de acrobacia que surcó el cielo a continuación y que dejó vía libre a los atronadores aparatos a reacción: un Harrier de la 9.ª Escuadrilla de la Armada Española, con base en Rota (Cádiz), y dos cazabombarderos F-18 del Ala 15 del Ejército del Aire y basados en Zaragoza. Y cerró el festival la Patrulla Aspa, también del Ejército del Aire, con sus cinco helicópteros EC-120B Colibri y sus inverosímiles acrobacias.

Un cazabombardero F-18, con la iglesia de San Pedro a fondo
Asistentes al festival contemplan el vuelo de uno de los aviones

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