Desde Hipatia hasta Johnson: las mujeres invisibles de la ciencia

La matemática Marta Macho, después de sufrir la discriminación en su propia piel, rescata historias de investigadoras olvidadas

La contribución de Fanny Hesse (1850-1934) a la ciencia salió directamente de la cocina de su casa. Su marido, Walther Hesse, era médico y discípulo del microbiólogo Robert Koch, y su primer proyecto fue aislar bacterias del aire. Entonces, se usaban patatas cortadas en rodajas, pero el limitado número de nutrientes de este tubérculo impedía el crecimiento de los microorganismos. Walther probó con caldo de carne solidificado, pero tampoco sirvió. Y fue Fanny quien le dio una solución: aplicar el agar agar, un extracto de algas que ella empleaba para espesar mermeladas y postres. ¡Premio! Funcionó. ¿Pero quién se llevó el reconocimiento? Como siempre, un hombre: Koch.

Ésta es una de las historias “invisibles” que ayer contó la matemática vasca y autora del blog “Mujeres con ciencia”, Marta Macho-Stadler, en el marco de la XVIII Semana de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad de Oviedo. La profesora de Geometría y Topología de la Universidad del País Vasco rescató en su charla a una decena de científicas “desconocidas y discriminadas”: desde Hipatia de Alejandría (fue una maestra de prestigio en la escuela neoplatónica) hasta Katherine Johnson (contribuyó a la aeronáutica de los Estados Unidos y fue una de las inspiradoras de la exitosa película “Figuras ocultas”). Pero si Macho-Stadler tuviera que mojarse y elegir a una de ellas, se quedaría con Lise Meitner. Discípula de Max Plank, posiblemente muy pocos sepan que formó parte del equipo que descubrió la fisión nuclear, por la que Otto Hahn recibió el premio Nobel en Química en 1944. “Fue una mujer que trabajó muy duro y fue olvidada. Además de su sabiduría, yo destacaría su compromiso, porque se negó a participar en el proyecto ‘Manhattan’ para la construcción de una bomba atómica”, explica.

Marie Curie es una de las científicas más conocidas. Pero, ¿y su hija Irène y su nieta Hélène? La primera fue galardonada con el premio Nobel de Química en 1935 y la segunda es física nuclear (tiene 91 años) y una gran defensora de la utilización pacifista de la energía atómica. Hay muchos más ejemplos de científicas “invisibles”, como las llama Macho-Stadler: Marguerite Perey descubrió el francio, Chien-Shiung Wu demostró que el principio de la paridad no se cumple en la naturaleza, Rosalind Franklin fue experta en la técnica de difracción de rayos X, Florence Nightingale fue pionera en la práctica de la enfermería, Mary Anning identificó correctamente el primer esqueleto de ictiosaurio…

¿Y en la actualidad? “Sigue habiendo poca visibilidad”, contesta tajante la vasca Marta Macho-Stadler. Su referente es la asturiana Margarita Salas, la inventora de la patente más rentable de la historia de España, que “merece un mayor reconocimiento”. “Ya sería hora de que le diesen el premio ‘Princesa de Asturias’”, asegura la matemática, que cree, no obstante, que hay muchas investigadores que “a día de hoy están haciendo una labor enorme”. Macho-Stadler lleva cuatro años con el blog “Mujeres con ciencia”, de la Universidad del País Vasco, en el que cuelga todos los días la historia de una científica. “Y todavía quedan muchas pioneras por rescatar”, apunta. La especialista en Teoría Geométrica de Foliaciones fue consciente de la desigualdad cuando aterrizó en el mundo laboral: “En mi departamento era la única mujer, era, como decimos en Matemáticas, un contraejemplo. A foros de 70 personas íbamos sólo dos mujeres. Y eso da vértigo”. Aunque los tiempos han cambiado, la discriminación, afirma, sigue presente. “Desde que pongo el pie en la calle ya me están discriminando. Queda por resolver el micromachismo, que no es tan micro porque es muy sutil y costará mucho eliminarlo”, sentencia.

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