La marisma reconquista la ría de Villaviciosa

Nutrias, anfibios y diversas aves ocupan los terrenos agrarizados, en los que entran plantas de marisma

La cubierta vegetal presenta varias comunidades peculiares, principalmente cañaverales, carrizales y formaciones de broza fina, cótula y “Paspalum vaginatum”, confinadas en la ría a estos espacios o casi exclusivas de los mismos

La ría de Villaviciosa inunda los porreos. La marisma tiene vía libre para recuperar los terrenos usurpados desde principios del siglo XVIII, cerrados mediante muros de piedras (cárcovas), rellenados y empleados para el cultivo y como pasto. La falta de mantenimiento de los diques (por el peloteo entre los diversos organismos competentes sobre el espacio) ha hecho que, poco a poco, se hayan ido derrumbando y que el agua los inunde ahora por completo, salvo el porréu de Sebrayu o de Villaverde, el más próximo a la desembocadura (y el más valioso como hábitat), donde la cárcova y el canal de la desembocadura del río Sebrayu se mantienen y lo conservan. El hombre usurpó grandes extensiones de las antiguas marismas y ahora, por dejadez (precedida del desuso), se las devuelve al estuario. La fisonomía de la ría ha cambiado y, con ella, los hábitats, la cubierta vegetal (de momento, han muerto todos los árboles y el resto de las plantas intolerantes a la salinidad) y, probablemente, la fauna.

Se presenta la oportunidad de asistir a la renaturalización del estuario, de seguir el proceso de resurgimiento de la marisma, de ver cómo cambia la flora y cómo reacciona la fauna en lo que respecta a la composición de las comunidades y también a la abundancia de las distintas especies. Es un proceso que se está produciendo igualmente en otros ambientes, en la cordillera Cantábrica y los Picos de Europa, donde retroceden los medios humanizados, los cultivos y los pastizales, y se expanden el matorral y el bosque, por el desploblamiento y el abandono de los agrosistemas de montaña. La naturaleza restaura el orden natural en cuanto cede la presión humana sobre ella. Los paisajes culturales se vuelven paisajes naturales (o seminaturales, ya que la huella humana es difícil de borrar).

Garza real, una de las aves acuáticas más comunes en la ría

La ría de Villaviciosa, al igual que el resto de los humedales, sufrió una importante merma desde el siglo XVIII, cuando las propuestas reformistas y de desarrollo de los ilustrados promovieron la desecación de estos espacios, tratados como baldíos e insalubres, una concepción que se propagó al siglo XIX y hasta entrado el XX, consagrada aún en la Ley Cambó de 1918 (es llamativa la coincidencia de fecha con la Ley de Parques Nacionales, nacida de una mentalidad bien distinta) y llevada al extremo por el desarrollismo franquista entre las décadas de 1950 y 1970.

Los cerramientos en las márgenes del estuario, para crear tierras de cultivo y de pasto, fueron promovidos por la mentalidad ilustrada y alcanzan el siglo XX

El uso inicial que se dio a los porreos fue el cultivo: maíz y otros cereales, para consumo humano, alfalfa, empleada como forraje, y lúpulo, usado en la elaboración de cerveza. Pero la agricultura cedió pronto ese espacio a  la  ganadería, si  bien  el maíz  ha seguido  cultivándose, ahora como planta forrajera.

Los estudios llevados a cabo por el arquitecto Juan Pedrayes sobre la historia de los porreos indican que los primeros cerramientos debieron llevarse a cabo a principios del siglo XVIII en la parroquia de Bedriñana; datan de entonces los porreos de Los Señores (así llamado en referencia a sus propietarios, pertenecientes a algunas de las familias más influyentes de la nobleza terrateniente del Antiguo Régimen) o de Larmayor, Junclera o El Porréu, La Sorda, Prau de García y Pontigo, Llosicu o Llosiquina, y El Piqueru. Los porreos de la margen derecha no tienen una datación bien definida, aunque sí se puede afirmar que son anteriores al proceso de Desamortización de bienes civiles promovido por Pascual Madoz durante el bienio progresista (1854-1856), si bien en esas fechas aún no se había completado el proceso de cerramiento de algunos de ellos.

Un macho de lavandera boyera perteneciente a la población reproductora

Esta medida no solo perseguía ganar tierras “útiles” sino también generar ingresos para el Estado mediante su venta, aunque a la postre no tuvo el resultado esperado y malbarató la hacienda de los municipios. En todo caso, varios porreos pasaron a manos privadas, como el de Sebrayu o Villaverde, adquirido por el indiano (emigrado a Cuba) Rosendo Villaverde, el de La Espuncia, el de El Salín, que compró Pedro José Pidal y Carneado, y las marismas de Muslera, cuya subasta se falló a favor de Bernardo Llanos. Parece que solo el porréu de  La Encienona retuvo su titularidad pública.

La constitución de porreos siguió aún en el siglo XX, del que datan los de La Marisma, en Misiegu, y el de Claro, en San Martín, así como un relleno posterior ejecutado en Bedriñana por el entonces Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (MOPU), posteriormente agrandado por maderistas con el fin de utilizarlo para el almacenaje de troncos.

Actualmente, los porreos de Villaviciosa se hallan inmersos en un litigio sobre la validez de su propiedad, surgido a raíz de la ejecución del deslinde de bienes de dominio público marítimo-terrestre al que obligaba la Ley de Costas de 1988 para corregir la ocupación y privatización del litoral, y garantizar la conservación de sus valores naturales y culturales. La disputa legal sigue abierta, pero la marisma, la ría, ha reclamado su propiedad aprovechando el resquicio físico, no legal, de los diques, las cárcovas, arruinados.

Los porreos de Muslera anegados en pleamar
El tramo canalizado de la ría, entre El Puntal (a la izquierda) y Rodiles.
Una ranita de San Antón

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